---------------------Spielberg: La galera de los conejos de Luz (1). Por Luciano Bermellón.

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Parte 1 -
Caprichosa Introducción -
"El llanto de los Hombres Peludos"

Imaginemos por un instante que estamos en un valle iluminado por una resplandeciente luna de agosto. Se escuchan los gritos de las bestias salvajes que pelean en los bosques de lujuriosa vegetación. Sobre un monte hay una pequeña gruta, un insignificante cuenco entre las piedras. Sentados junto al fuego hay un grupo de seres de aspecto más bien desaliñado, con una abundante cabellera que se extiende a los más recónditos distritos de sus humanidades. Los muchachos se encuentran allí devorando un par de costeletas de brontosaurio, mamut u otro animal ultimado a hachazo limpio, con el riesgo que esto conlleva dada la naturaleza de estos bichos alejada de los sacrificios en pro de la alimentación de esos monos molestos. Luego de la cena, uno de estos velludos muchachotes descubre que lo aqueja uno de los males que traerá a maltraer a sus nietos y tataranietos en el curso de la historia del mundo. El tipo se aburre, y se aburre mucho ahí sentado como un idiota mirando las estrellas. Entonces toma uno de los huesos que alguien ha depositado descuidadamente junto a él y se lo avienta a un congénere que en ese momento se encuentra distraído. El agredido cae graciosamente al suelo y toda la manada aúlla de felicidad. Esa noche nuestro amigo se lleva, de los pelos por supuesto, a la mejor hembra de la tribu al interior de la gruta. Ha nacido, amigos míos El Mundo del Espectáculo. Claro que no falta un simio melenudo vestido con una piel de pantera que menea su cabeza y da frenéticos saltos y chillidos censurando la diversión de los demás. Es que ha nacido también la Crítica Artística.

Volviendo al presente se puede decir que salvo ligeras variantes todo se ha mantenido más o menos igual. Unos que hacen cosas para que el resto de la humanidad no muera de aburrimiento y otros que critican. Claro, ya sé, que hubo evolución, estuvieron los Egipcios, Miguel Ángel, Leonardo, Cervantes, Borges y el gol de Maradona a los ingleses. Pero lo que se trata de hacer aquí es de explicar un mecanismo, si quieren conocer sobre historia del arte vayan a comprar una de esas coloridas enciclopedias para ordenador que venden en todos los kioscos.

Lo importante es que una vez que el cine fue inventado, pasó lo mismo que con nuestro amigo peludo del principio. Unos decían que era una diversión de feria que debía estar al lado de las barracas de las mujeres barbudas y los hombres que arrojaban fuego por el trasero. Otros sostenían que era una nueva forma de arte que debía servir para difundir cultura y conocimientos y constituirse en un nuevo espacio de expresión de las refinadas emociones del alma.

Pero los monos chillones a veces son graciosos y los hombres peludos también lloran. Y usted amigo/a se preguntará, ¿Qué tiene que ver todo esto con Spielberg?. La respuesta es obtusa pero clara y contundente: todo. Porque a lo largo de esta serie de notas trataremos de analizar la importancia de este hombre en la historia del cine. Que por un lado es una manifestación artística y por otra una muy buena manera de apagar las luces del mundo para averiguar en que lugar del viaje esas otras luces que vienen de la pantalla se van a reflejar dentro de uno.

EL OTRO LADO DE LA MONEDA

Para que el mecanismo funcione, y haciendo referencia a aquel viejo esquema perogrullesco, se necesita que existan dos clases de personas. Unos pagan su entrada y disfrutan o padecen del evento. Otros dejan de dormir y en la mayoría de los casos que conozco dejan de comer con asiduidad para cumplir una función propia de los alquimistas. Convertir algo tan etéreo como una idea en una manifestación física, entiéndase como tal una lata del tamaño de una caja de pizza llena de celuloide. Y en este grupo hay alguien que asume la función de guía del viaje.

En definitiva quién se para atrás de una cámara de cine y empieza a dar indicaciones debe tener algunas cualidades. Una de ellas, quizá la que menos se ha tenido en cuenta a juzgar por los resultados de ciertas producciones, es saber contar una historia valiéndose de planos que se unen entre sí y que además todo esto sea lo suficientemente entretenido como para que alguien esté dispuesto a invertir su dinero en ello. Esto es tan viejo como atacar por las puntas y tirar el centro para que cabecee el centrodelantero. Y hasta podría decirse que es una condición puramente técnica. Pero en el caso particular de Steven Spielberg debe decirse que hay pocos que lo hagan como él. Cosa que ya deben saber.

Por lo cual nos centraremos en otro aspecto aún más interesante. La segunda condición que debe tener un director que es; un mundo para reflejar dentro del generoso espacio de la pantalla.

David Lynch dijo una vez que Spielberg era un cineasta con una visión tan personal como Ingmar Bergman, pero que daba la casualidad que esa visión se conectaba con el imaginario de la mayoría del público. Hacía una referencia concreta a esa preeminencia simbólica del sol en las películas de Spielberg. Y no es un mal ejemplo para empezar, sabrán ustedes que las tradiciones de los egipcios, los incas y viniendo más acá, el febo que asoma sobre un histórico convento santafesino nos hablan de esa fascinación.

Se puede decir que hay una influencia innegable en todo esto, nuestro viejo y nunca suficientemente refrigerado Walt Disney. Es momento de hacer una pregunta ¿quién de ustedes no llora cuando el bueno de Bambi pierde a su familia?. No me vengan ahora con eso de que los ciervos no hablan y que sé yo. Hay un discurso original, tan viejo como el mundo que hace que de pronto estemos allí sentados en una sala, rumiando pochoclo y mágicamente volvamos a ser niños. Todos los cuentos de la abuela vuelven convertidos en imágenes y ahí nos quedamos con la boca abierta, humedeciendo las mangas de los pouloveres.

Hay máximas y métodos que algunos identifican como recursos. Hablemos entonces de una vieja película, el primer éxito de este señor allá por mediados de los setenta; "Tiburón". Antes habían pasado algunas producciones para la televisión, como "El Duelo" o "Reto a Muerte" según uno se encuentre de este o el otro lado del océano. Allí un hombre se peleaba con un camión (no he encontrado peor forma de contar el argumento). Lo cierto es que el hombre viaja en su auto por la carretera y un camión conducido por un anónimo caballero intenta asesinarlo. Siendo muy grosero, es la historia de San Jorge y el Dragón llevada a las soleadas rutas norteamericanas. Claro que ahora es el dragón que sale en busca de su presa y que para ello necesita una buena provisión de gasoil y líquido de frenos. Es imperdible sobre todo por los recursos con que está filmada. Los planos muestran al camión como un ser viviente, un mounstro salvaje construido con el mejor acero norteamericano. Y sobre todo una lección de como se puede contar una historia en cine sin necesidad de recurrir al diálogo.

DEVÓRAME OTRA VEZ

Volviendo a "Tiburón". Se encontraba un día Spielberg en la sala de espera del médico. Había allí una novela de aventuras de poca monta intitulada "Jaws". Sea porque el doctor tenía muchos pacientes o porque realmente el libraco le interesó, Steven se lo leyó todo y decidió hacer una película. En esta historia del tiburón que ataca a las personas que veranean en un pequeño pueblo costero hay algo que se emparenta con "El Duelo" y que reconoce antecedentes en algunas producciones de cine de bajo presupuesto y los seriales televisivos. El ámbito del terror y el suspenso ha dejado de ser patrimonio exclusivo de las mansiones con puertas chirriantes y mayordomos misteriosos. Ahora la muerte acecha en lugares más accesibles al común de la gente, la carretera por la que viajan, la playa donde veranean. Spielberg, como Carpenter entre otros, intenta mostrar la paranoia americana durante la guerra fría.

Pero claro acá el mounstro es un ser vivo, más precisamente un escualo de dientes de cuchillo y ansias de venganza. La historia nos cuenta que desaprensivos pescadores han matado a su cría. El tiburón toma riendas en el asunto personalmente y decide convertir en su almuerzo a cuanto desaprensivo bañista se arriesgue a meterse en el agua.

Lo de la bestia de la naturaleza que entra en contacto con la civilización para devorarse uno que otro ciudadano no era nuevo. Basta recordar una de las obras fundamentales del cine fantástico "King Kong" de 1933 basado en un relato de Edgar Wallace. Claro que con algunas diferencias, el Rey Kong era una maravillosa y particular interpretación de "La Bella y la Bestia" donde el mounstro terminaba siendo una víctima. Lo de Spielberg tiene un parentesco bastardo pero parentesco al fin con "Moby Dick" de Melville. Coinciden en esa humanización de la bestia a la que se le atribuyen sentimientos y a veces una astucia y una crueldad que suelen ser exclusivos de nuestra especie. Además está la presencia de personajes que desafían las superiores leyes de la naturaleza. En las dos películas hay hombres de negocios que privilegian su deseo de hacer buen dinero por sobre la integridad física de los espectadores ocasionales. Acá aparecen algunos personajes clásicos del universo spilbergriano (de algún modo hay que llamarlo) heredados del cine clásico de aventuras que es su fuente de inspiración. El primero es el hombre iluminado. Ese que tiene un conocimiento superior a la media, que ve el riesgo antes que los demás. Pero como el mito de Casandra esto no lo hace destacarse, muy por el contrario le trae muchos, pero muchos problemas. El protagonista no solo lucha con la bestia sino que básicamente lucha contra la incomprensión de sus semejantes. Es por así decirlo la lucha del individuo para que la sociedad en que vive mejore o al menos no mueran todos los que la componen. En esta incursión el ideal que defiende el Jefe de Policía del pueblo interpretado por Roy Scheider es aún muy básico. Alguien que tiene un profundo sentido del deber. Luego esto cambiará y los protagonistas de E.T., Encuentros Cercanos y porque no "La Lista de Schindler" tendrán ideales más profundos y humanitarios. Pero seguirán predicando en el desierto. No solos claro siempre encontrarán aliados. En este caso están el Especialista en Tiburones con todo su bagaje de conocimiento científico y el Capitán del Barco rudo y con sed de venganza que se complementan para darle al héroe lo necesario para vencer al escualo sanguinario. Porque claro el sujeto es en principio un hombre que tiene temores que debe vencer. Luego sí podrá terminar pataleando y haciendo chistes, agarrado a un barril.

Se puede hacer una referencia además a uno de los hechos más interesantes que es puramente técnico. Cuando a Spielberg le trajeron la marioneta que iba a hacer las veces de tiburón notó, no sin preocupación, que esta daba una apariencia tan realista como un peluquín de bajo precio. Entonces aparecieron esas maravillosas tomas del agua, algo que se mueve y la sangre que sale a la superficie. Porque más allá de estas cuestiones hay un estilo, una manera de contar que se traduce en lo que se filma. Cada plano busca causar en el espectador la mayor conmoción posible. La sabiduría se manifiesta en saber elegir el momento en que es necesario mostrar un plano detalle de la boca del tiburón devorando a alguien o cuándo es mejor mostrar a la víctima de turno siendo absorbida por una fuerza misteriosa hacia el interior de las aguas. Saber cuánto más impresionante es mostrar cómo la acción principal modifica el entorno, que la acción misma. Una traducción cinematográfica del principio que reza que la delicia de un poema reside en no nombrar al objeto del mismo. Con la salvedad antedicha, en este caso hay que saber además que hay un momento para mostrarlo todo. De la manera más espectacular posible. Que el espectador no se vaya del cine sin haber visto al monstruo.

Esta película muestra dos universos que conviven y como en King Kong los problemas empiezan cuando entran en contacto. Acá está la playa con sus chicas en bikinis diminutos y a lunares, sus sándwich de milanesa y las canciones en estilo " Beach Boys". Por otro lado el interior marino, donde los sonidos se diluyen y la luz varía filtrada por el agua. Y en esto se basan muchas escenas de suspenso del film. Hitchcock contaba la anécdota de la bomba que estaba bajo la mesa del bar donde dos personas tranquilamente conversaban. Y la inquietud del espectador garantizaba su atención. En este caso, unos planos muestran a alguien bañándose en el mar, con la música playera antes citada. A continuación un plano del interior del agua con el tiburón que acecha. O mejor aún un movimiento del agua que sugiere peligro.

Con esto y con otros recursos que se han convertido en clásicos, como reemplazar el zoom por una sucesión de cortes sobre el eje de la misma imagen. Una manera de poner el acento en un punto determinado de la acción, casi una violencia visual que no busca el distanciamiento, sino todo lo contrario.

Se ha dicho muchas veces con cierto desdén, que para Spielberg el interés está en la forma, pero es un error pensarlo como un cineasta solo interesado en un cine de entretenimiento. En este caso es una manera de que aquello que se cuenta afecte de la manera más precisa posible la sensibilidad del espectador. Y no solo en el sentido que esta conmoción afecte nuestros instintos más primarios como el terror o como un recurso humorístico. También en función de la emoción. Lo que digo es que busca utilizar la técnica cinematográfica para expresar ideas. Y para poner un ejemplo, me remito a esa toma en que tres hombres van en busca del tiburón en un pequeño barco. La cámara está arriba, en eso que los chicos de cineclub llaman "el ojo de Dios", y se ve una mancha muy pequeña en la inmensidad del mar. Un plano abierto del inmenso océano donde se ve el hombre en la cubierta de su pequeño barco es mucho más que una ubicación espacial, es una manera de expresar una idea de esa presencia mínima, que va mucho más allá de la necesaria presentisación de una información. Pero claro para esto hace falta que la cámara esté ubicada en el lugar preciso y en el momento oportuno.

Y todo esto para que la próxima vez que usted meta su dedo gordo en el mar mire bien hacia ambos lados. Y si vienen los de Greenpeace a decirle que hay que salvar a los animales marinos usted los olfatee con un dejo de muda desconfianza.

En próximos encuentros continuaremos con estas cuestiones que abordaremos con la profundidad de la que hemos carecido en esta ocasión. He dicho.

 

Desde Cuyo:
Luciano Bermellón