---------------------Spielberg: La galera de los conejos de Luz (2). Por Luciano Bermellón.

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En la Mabuse anterior, Luciano Bermellón sacó una primer entrega del reporte de su intensa relación con Spielberg. Empezó con los recursos con que Spielberg fascinó a tanta gente al construir esa poderosa película llamada "Tiburón". En esta segunda entrega, el acercamiento pasa por el eje E.T - A.I.

Ir a la primera parte.

 

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El Cielo y la Pantalla

Eugenio Barba escribió alguna vez que la memoria es una canción que nos cantamos a nosotros mismos. Algunos de los mejores acordes de esa canción son las historias que nos han contado y que poco a poco, sin darnos cuenta nos van convirtiendo en lo que somos. "E:T." sigue siendo hoy en día una de las películas más taquilleras de la historia del cine. Película mínima en su sencillez con una narración cristalina y una puesta en escena básica ha llegado a convertir a un enano deforme de cuello retráctil en un ícono de los años ochenta. Alguna vez el cine se reducía a ir a al doble programa de los sábados, en una sala inmensa y calurosa. Siempre con una caja de maní con chocolate en la mano y el programa en la otra. Es desde ese lugar que me gustaría evocar está película. Pero el tiempo ha pasado y la inocencia tal vez se me quedó en el bolsillo de unos pantalones que ahora me andan chicos.
Creo recordar vagamente que entonces el mecanismo funcionaba más o menos así, uno se sentaba y chiflaba a los malos. Para lo cual y aquí nos encontramos con el primer elemento a analizar, debía existir una división clara y contundente entre los buenos y los malos. Y se hacen presentes las formas canónicas de las narraciones infantiles. Se ha dicho en estás cibernéticas páginas, que una de las principales influencias de Spielberg son las películas de Disney. Ahora debemos agregar un cierto misticismo que ha pasado por diferentes etapas desde las manifiestas referencias a la tradición judeocristiana (este es el caso) hasta el actual pesimismo en el que Dios es una pantalla sin más vida que la que puede otorgarle una fuente de energía eléctrica.

 

¿Dios, es un enano de dedo luminoso?

Tal vez esta combinación de cuento infantil y tradición religiosa sea la mejor explicación para llegar a entender el fenómeno de masas que la película representa.
Para empezar tenemos otra vez esa clara y marcada división entre dos universos que conviven en un mismo espacio físico. En este caso particular hay un mundo de los niños y un mundo de los adultos. Unidos únicamente por algunos nexos, como el personaje de la madre interpretado por Dee Wallace. Que tiene la particularidad de ser el único adulto al que se le ve la cara desde los primeros planos de la película. Los otros son solo referencias, espaldas, sombras que se deslizan en la oscuridad o simplemente una ausencia como la del padre que está presente en la tristeza de sus hijos y unos pocos objetos que dejó en el garage. Curiosamente todas las referencias al padre están en los diálogos. Spielberg se ahorra el recurso de las fotografías, algo muy común cuando se trata en cine de hablar de "la presencia de una ausencia". Dato menor tal vez pero digno de destacar en un cineasta al que siempre se le ha alabado su condición de ser "muy visual". Pero que está presente a lo largo de su obra. Siempre hay un momento en las películas de este director en que alguno de los personajes hace referencia a una historia valiéndose simplemente de la palabra, tan criticada por los puristas. Vienen a colación dos ejemplos, la historia del naufragio del buque sugestivamente llamado "Indianapolis" durante la Segunda Guerra Mundial, que cuenta el capitán Quint a sus compañeros en "Tiburón". La otra es el relato que hace la psíquica en "Sentencia Previa", sobre la vida que hubiera tenido el hijo del protagonista si no hubiera sido asesinado de niño. Los lugares comunes del cine indican que todo debe ser mostrado. Los grandes directores saben diferenciar cuando es necesario mostrar y cuando lo que se cuenta verbalmente puede surtir mayor efecto en la imaginación del espectador.

 

Un cuento clásico

El guión está claramente dividido en los tres actos que tanto reclaman las recetas hollywoodenses. En el primero se cuenta la llegada del extraterrestre y el percance que lo lleva a quedar varado en este mundo condenado. Termina con el accidentado encuentro entre el enano interespacial y el pequeño Elliott su alter ego terrestre.
El segundo acto, sin duda lo mejor de la película, narra en un tono más cercano a la comedia, como va creciendo el vínculo entre ambos personajes. Particular simbiosis que da pie a los momentos más ricos de la película desde lo visual. Con algún tempranero toque ecologista por aquello de salvar a las ranas. En lo que es la mejor escena de la película con un montaje en paralelo de la película que se emite por T.V. y su correlato real. Hasta que Elliott besa a la chica más linda del curso y en un acto de tardía reivindicación todos la besamos con él. Y después ese maravilloso plano de los pies de ella que observa como se llevan a su audaz, precoz y ebrio amante
Todo esto concluye cuando E.T. manifiesta su deseo imperioso de volver a su planeta (y eso que no le tocó caer en Argentina).
La tercera y última parte incluye la muerte y resurrección de E.T.. Además de los homenajes, reconocidos por el propio autor, a la obra de Rosellini ( "Strombolli"). En esta parte los adultos que se identifican con el dolor de Elliott por fin pueden mostrar sus rostros. Hay incluso una toma en la que el equipo de médicos y enfermeras se quitan ritualmente sus máscaras y observan conmovidos como el niño llora por la muerte de su amigo.
Argumentalmente la historia no plantea un antagonista fuerte a E.T. y Elliott y sus hermanos.
Eso hace que recaiga sobre la puesta en escena la creación de un enemigo que acecha pero que nunca se ve con claridad. Cuando sale a la luz es para demostrar que en realidad no era tan malo como parecía. Y solo se manifiesta en unos agentes irremediablemente torpes que no pueden atrapar a un grupo de chicos en bicicleta. Caso emblemático es el de Keys (interpretado por Peter Coyote) un caso raro al ser un personaje protagónico al que hay que esperar casi hasta el final de la película para mirar su no tan bello rostro. En cambio a E.T. si se lo muestra desde el primer momento. H.P. Lovecraft, maestro de los relatos de terror, sostenía que el recurso fundamental de sus cuentos era no mostrar al mounstro. Acá el objetivo y es aquí donde se revela el sentido del relato, es que el espectador se acostumbre a la visión del extraterrestre más aún que simpatice con él. Los mounstros en todo caso son los hombres y su paranoia que los lleva a destruir todo aquello que no pueden entender. Pero Keys no es otra cosa que un alter ego del director cuando dice que siempre esperó ese encuentro y que se alegra que quién haya encontrado de E.T. sea el único que pueda entenderlo.
Película filmada en plena Guerra Fría es para algunos un manifiesto contra la psícosis del enemigo oculto. Podría ser, diría yo, en todo caso, el mensaje no es tan claramente universal, como en Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, film al que siempre se lo relacionó. En el caso de esta película los extraterrestres vienen con el claro propósito de testimoniar su deseo paz y de esperanza. Siguiendo la teoría Cientológica de "los hermanos mayores". En este caso E.T. es casi un niño preocupado por volver a casa. Tiene algunos poderes mínimos como curar heridas (los dos dedos que se tocan es una referencia a un fresco que se encuentra en la Capilla Sixtina; en que Dios le da vida a Adán, y se ha convertido en una imágen emblemática del cine), también puede hacer volar bicicletas y resucitar (este último no es un poder menor claro está), pero no tiene intenciones de convertirse en redentor de la especie humana. Esto paradójicamente, es tal vez lo que haya hecho que toda una generación se identifique con ella. En este caso el conflicto es intimo y tal vez allí resida el secreto de su perdurabilidad. El niño que mira el cielo y espera una respuesta. Siempre en el cine de Spielberg hay personajes que miran. En la mejor tradición de Shakespeare de los servidores de escena el centro de la escena no está en la acción misma sino en como algunos personajes asumen el protagonismo a partir de una visión particular de determinado hecho.
Por lo dicho hasta aquí podriamos concluir que la virtud fundamental de este cuentito reside en la manera en que se muestra y se oculta la información que se quiere transmitir. Y a esto debemos agregar el encuadre que se hace de la historia. Desde las primeras imágenes vemos el bosque, los hongos y los gnomos que buscan plantas (que por otra parte adquirirán un significado casi simbólico en el sentido estricto de algo que remite a otra cosa mayor, en la planta que informa acerca de la resurrección de E.T. o cuando menos de su estado de salud).

 

Inocencias Perdidas

Una película del mismo realizador que podría establecer una relación especular con E.T. es Inteligencia Artificial. El proyecto original de Stanley Kubrick que luego de su muerte fue continuado por Spielberg, que hasta el momento oficiaba como productor. Sobre un relato de Brian W. Aldiss (como no se que me pasa hoy que me levanté con una molesta crisis de honestidad debo reconocer que en una versión anterior de esta misma nota y en un exceso de brutalidad atribuí la autoría del relato a Philip K. Dick; a quién mencionaré en breves instantes).
Decía entonces y luego de esta necesaria mea culpa, que el guión se basó en el cuento de Aldiss "Los Superjuguetes duran todo el verano". Aunque si uno lee el mencionado texto, se da cuenta que dos de las escenas más recordadas de la película fueron extraídos de otros cuentos que están en el mismo libro (al menos en el ejemplar que yo tengo, no se pongan cargosos). Una de las escenas es la de los robots que buscan piezas de recambio y la otra es en la que David entra a una sala donde hay otros ejemplares de su mismo modelo.
Volvemos a la historia del niño perdido que quiere volver a casa. Claro que muchas cosas han cambiado. Siguiendo la línea de la excelente "Blade Runner" de Rydley Scott (estrenada el mismo año que E.T.) basado esta vez si, en una novela de Dick ("¿Sueñan los androides con corderos eléctricos?) o para mejor decir la línea explorada por el guionista David Peoples, esbozada en el relato original, otra vez aparecen seres cibernéticos que desean adquirir una humanidad que los mismos hombres han perdido. Además se podría hacer la temeraria afirmación de que las tres películas hablan de lo mismo. Por un lado la paranoia, y por otro las dificultades que se le presentan a estos seres sensibles y de diferente naturaleza para integrarse en la sociedad que los rechaza porque les teme.
Ahora la diferencia es que Spielberg tanto en E.T. como en A.I. focaliza la acción desde los seres que son perseguidos y Scott lo hace desde el cazador insensible que recupera la humanidad perdida. Tanto E.T. como David y el antagonista Roy Batty en Blade Runner comparten la búsqueda del origen (el Hogar, la Madre y el Padre Creador respectivamente).
Inteligencia Artificial a diferencia de lo que se dijo de E.T. está estructurada en cuatro partes. Un planteamiento con la conferencia del científico que anuncia ante una jocosa audiencia que piensa construir robots con sentimientos. Incluida en esta primera parte está la llegada de David a la casa de sus padres adoptivos y su enfrentamiento con un odioso "hermano" humano que usa una prótesis que le da una apariencia de máquina.
El desarrollo está dividido en dos partes e incluye el intento de David de recuperar a su madre. Por último tenemos el epílogo con seres extraterrestres incluidos (Muy similares a los que aparecen en "Planeta Rojo" de Brian De Palma).
Estás cuatro partes en que está dividido la estructura narrativa tienen su correlato en la puesta en escena. Si bien el concepto es el mismo; la mirada de un niño". Con la particularidad de ser un niño que se muestra insensible ante algunos acontecimientos como su propio deterioro físico.
Sucede que en E.T. teníamos, como se dijo, la representación de dos universos que conviven en un mismo espacio. En A.I. el viaje que realiza el protagonista lo lleva por cuatro espacios sensiblemente diferentes. El Hogar de David, la Ciudad donde conoce al Taxi Boy cibernético, una Nueva York futurista y la tierra después del paso del hombre por ella.
En la primera tanto la luz como los movimientos fluidos y los encuadres dan la idea de un lugar acogedor. La segunda que transcurre siempre de noche tiene un toque más cercano a la estética del video clip. Con colores que aparecen desde carteles luminosos carentes del toque cálido que en la primera le daba la presencia casi constante del sol. La tercera y cuarta parte usa planos más amplios con el objeto de describir espacios como ciudades y paisajes en los que ya la presencia humana ha desaparecido. Solo han quedado algunos objetos (como los restos del Parque de Diversiones) que son testimonios de la desaparición progresiva de la civilización actual (no puedo dejar de mencionar la antorcha de la Estatua de la Libertad que asoma en el agua y que remite inevitablemente a "El Planeta de los Simios", la original, no el engendro que hizo Burton).
Si bien se nota, sobre todo en la primera parte la influencia de Kubrick, ya a partir del comienzo de la segunda, la historia va tomando un toque más personal bajo la forma de una versión de Pinocho sombría y melodramática (en el mejor sentido del término). Haciendo que el espectador se identifique con el personaje central desde sus sentimientos y no a partir de la verosimilitud de la peripecia que debe atravesar para conseguir su objetivo.
Es que con los años la visión de Spielberg se ha modificado. El color se ha diluido hacia unos tonos más grises y la luna que antes era el símbolo de la libertad ahora es un aviso publicitario colgado de un globo que anuncia la presencia de los desalmados cazadores de androides. Lo que Eliott tenía por derecho natural, el amor de su madre, es algo que David tiene que ganarse.
Y el niño/androide protagonista, no encontrará quién lo ayude a regresar. Simplemente porque no hay lugar de regreso para alguien insertado en el mundo con el solo objeto de reemplazar a alguien que ha muerto. La única salida esta vez es un sueño eterno y tan artificial como su propio origen en el que se reencuentra con su madre. Pero tal vez respondiendo a la pregunta que Mary le hace a su hija Gertie (la aún no pulposa Drew Barrymore) en E.T.; ¿Crees tu en las hadas?, David contesta si y encuentra su particular salvación en está fábula amarga. Digo esto porque mientras una película se empeña en expresar la necesidad de encontrar en los otros aquellas cosas que nos hermanan a pesar de las diferencias. La otra es una muestra de la decadencia humana que avanza a medida que la tecnología se desarrolla cada vez más. Y en esto algunos leen una evolución en la temática de Spielberg. Si se entiende por evolución el solo hecho de volverse más escéptico digo que no estoy de acuerdo. Yo diría en cambio si hay una evolución en la manera de profundizar desde lo visual y lo narrativo en temáticas que ya había abordado con anterioridad que va de la mano con el cambio del público al que las películas se dirigen.

 

Cameos y conclusiones

La última y muy poco publicitada aparición de E.T. en la pantalla grande (o al menos de algunos de sus congéneres) fue en el "Episodio I de la Guerra de Las Galaxias". Ocupando en escaño del Senado Intergaláctico se los puede ver participando de un álgido debate político. George Lucas devolvió de esta manera la gentileza de las múltiples menciones que se hacen a su popular zaga en la película de su amigo y socio.

Al comienzo de estas líneas hable de la memoria y como el cine va construyéndonos un pasado común a través de las imágenes. Para los que aún nos fascinamos con Bogart entrando al Café y encontrándose con su antigua novia, o volvemos a quedar clavados frente al televisor cada vez que Indiana Jones corre perseguido por una piedra gigante y redonda. O los que, en tren de confesiones, aún no podemos perdernos la nueva película de Disney, aunque los niños nos arrojen sus gaseosas encima y nos trastornen con sus llantos. Algunos de nosotros, todavía queremos oír otra vez eso de "¿Crees tú en las hadas?. Y seguramente responderemos; - No, quizá ya no. Pero necesitaba que me lo preguntaran.


Luciano Bermellón

(Desde este otro frío infierno)