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| ---------------------Riget (El reino) Miniserie de Lars von Trier. -- Reseña: Javier Diment. | |||||||||
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Qué se yo... no puedo menos que empezar por esa frase. Básicamente porque uno siempre duda un poco de para qué se pone a escribir una u otra cosa. Y si eso ocurre en general, mucho más ocurre con esto, con este tipo de reseña-relevamiento, estas notas que tienen más de recorrer uno mismo aquello que acaba de ver que con sentir que realmente uno tiene algo que decir al respecto. Porque esta nota es una mezcla de reseña, análisis y el fruto de esa compulsión por conversar de una película cuando te impacta. Bah, a mí me pasa eso: quedo en un estado en que necesito hablar de la película, buscar notas, material, cosas que me ayuden a entrar más, a, de algún modo, apropiarme más de eso que tanto efecto me hizo. Reseñarla, analizarla, entonces, es una de esas charlas, una de las maneras de intentar que esa experiencia se me incorpore de la manera más completa posible. Decía
película cuando es, en realidad, una miniserie. O mejor dicho: dos.
La primera es de cuatro capítulos (1994, 280 minutos de duración
total), y la segunda de cinco o cuatro, según el corte, (1997, 286
minutos). Riget es de esas miniseries que cuando uno lee en una entrevista
que el realizador la hizo, más que nada, ante la necesidad de ganar
unos pesos, quiere ir y putearlo de pura envidia. Es impresionante, una historia
buenísima, escalofriante en lo que tiene de terror, y sobre todo en
lo que tiene de mirada al extraño animalejo dado en llamar ser humano.
Se la nota afectada por ese vendaval o terremoto que fue Twin Peaks (1990,
David Lynch), pero le ha tomado el guante con gran altura, y ha logrado convertirse
en otra miniserie de culto, sosteniéndose por sus propios (y muchísimos)
hallazgos.
Es un relato coral, donde hay una línea argumental básica que atraviesa todo: la investigación de la señora Drusse siguiendo las huellas de Mary, el espíritu de una niña que tiene algo para decir, y mientras no lo haga no podrá descansar en paz. Pero lo esencial aquí será la interacción de los personajes, que pondrán en juego, a través de sus pasiones, pulsiones e intenciones, una serie de conflictos con un crescendo permanente. Y que encarnaran, a su vez, uno de los conflictos básicos planteado por la historia, aquél que enfrenta al espíritu y la materia. La
pregunta que parece latir dentro de la historia es, como insiste en señalar
Von Trier en los finales de los capítulos, la posición que toma
cada personaje en relación con el bien y el mal. Y esta posición
estará muy influenciada por la capacidad que tenga cada uno de levantar
la cabeza en algún momento de sus propios conflictos y tomar cierta
distancia hacia algo más abarcador. Hacia una cierta idea de Dios,
podríamos decir, sobre todo conociendo el militante aunque no cuadrado
punto de vista católico de von Trier. De hecho, esta serie está
filmada en pleno momento de crisis espiritual del director, época en
que se inclinó hacia el catolicismo de manera definida.
Entrando un poco más. Las lineas argumentales que se van cruzando son básicamente las siguientes: 1:
Todo indica que el doctor Stig Helmer (insoportable, soberbio, paranoico,
déspota, un sueco que está en Dinamarca, país que desprecia
y en el que se refugió por oscuros motivos, y trabaja desde no hace
mucho tiempo en el hospital), es el responsable del estado vegetativo de Mona,
(una niña que quedó así luego que este médico
la operase). Y pese a la protección del director del hospital, la ley
lo va acorralando. Entonces Helmer intentará por todos los medios apoderarse
de la única prueba que hay en su contra: el registro de la operación,
celosamente guardado en el archivo, al que no tiene acceso. Se valdrá
de Rigmor (parte del personal del hospital, muy enamorada de Helmer, cuyos
planes son casarse con él y viajar juntos a Haití) y de todo
aquel que tenga a mano para intentar conseguirlo y destruirlo. 2: La señora Drusse tiene unos 70 años. Totalmente comprometida con la búsqueda de contacto con espíritus, parece que no le fue muy bien en lo suyo hasta ahora. En el hospital logró contactar con el espíritu de una niña, Mary, y no va a dejar de inventar cosas para que la internen (pese a la oposición de Helmer) hasta descubrir el secreto de ese fantasma, y ayudarla luego a descansar en paz. Para ello, hará sesiones de espiritismo, investiga entre los registros, sonsaca a médicos y pacientes, y se vale de la ayuda de su hijo Bulder (un gordo vikingo, medio gil y bonachón, que adora a su madre pese al trato rígido que tiene con él), para llevar adelante la función de detective dentro de la trama. 3: El Dr. Moesgaard, director del hospital, quiere que a través de su ingenuo proyecto Brisa Fresca (o algo así), la institución se convierta en modelo, y llegue a la cima de su fama. Tanto que logrará la visita oficial del primer ministro y el encargado de hospitales. Moesgaard es bonachón, algo estúpido y permisivo, sobre todo con los integrantes de una especie de logia masónica que funciona en el hospital, una hermandad llamada Los Hijos del Reino, en que la idiotez, la peligrosidad y la falta de escrúpulos parecen ir siempre juntas. Helmer no soporta sus estupideces, pero lo sigue en todo, hipócritamente, para cuidar su puesto. 4: Mooge es el hijo de Moesgaard. Muy ambicioso, inescrupuloso y algo estúpido. Está por recibirse de médico, pero tiene que recurrir a cualquier cosa con tal de lograr su título, porque es muy bruto en la materia. Está hiper caliente con Camilla, una médica mayor que él, que no le da bola, y hace cualquier cosa para llamarle la atención. Una de las jugadas que hará para conseguirla lo pondrá en manos de Hooks, que lo utilizará para conseguir el registro de la operación de Helmer. 5: El doctor Bondo es uno de los médicos de la Hermandad. Viene investigando desde hace muchos años un extraño tumor de hígado, el hepatosarcoma (creo que lo llamaban así), que aparece en un paciente cada 20 o 30 años. Uno de sus pacientes está a punto de morir de ese tumor. Y su familia no quiere que sus restos se donen a la ciencia. Reinterpretando una idea de Hellmer, decide, con el apoyo de sus compañeros de la Hermandad, implantárselo él mismo, para luego reimplantarse el suyo propio. Claro que nada es tan sencillo como parece. 6: Hooks está enamorado de Judith, que al principio no le da bola, pero un día le explica por qué: él le gusta mucho, pero ella está embarazada, y no sabe nada del padre de la criatura. Así que él decide hacerse cargo. Judith espera el nacimiento de su hijo, contenta por su relación con Hook. Pero todo empieza a enrarecerse por dos cosas: primero, el crecimiento del feto es anormalmente veloz. A las 11 semanas parece estar a punto de parir. Y luego por el extraño comportamiento de su pareja, una vez que él la ve transparentarse como un fantasma.
Naturalismo bizarro. Y en esto interviene uno de los grandes rasgos que maneja esta serie: la intensidad. Los conflictos, los delirios, el suspenso, todo crece en intensidad de manera exasperante. Tanto que la historia se permite, por ejemplo, desarrollar visualmente los efectos especiales de manera sencilla y evidente, sin intentar sorprender por ese lado, sino involucrando la complicidad del espectador a la hora de creerse tal o cual efecto (me refiero a ciertos recortes de chroma, por ejemplo en los sueños de Mooge, o a las presencias fantasmagóricas que apelan a un simple semifundido para dar transparencia a los personajes), porque se le está garantizando, para compensar, un relato cuya intensidad pasa por otro lado, o por otros lados: por todos los demás. Varios años después, decía von Trier en una entrevista a propósito de Dogville: “Mi intención también es volver a contar con el público, y por eso no me detengo tanto en los efectos técnicos, prefiero centrarme en el juego de actores y en la historia. Puedo emplear la técnica como un zoom psicológico, porque el hombre está dotado de una gran imaginación y quiero que la utilice”. La puesta general alterna estilos, así como subtramas. Las secuencias hiperestilizadas de la presentación, con esos amarillos que recuerdan la fotografía de El elemento del crimen (von Trier, 1984), y esos fluidos travellings con cámaras lentas, que pasan de la superficie de la tierra, a través del agua, hasta el más profundo de los subsuelos, dan paso a puestas con cámara en mano, con un montaje sucio y rítmico, cortes en el eje y saltos de eje incluidos, que anticipan aquella película pre-dogma llamada Contra Viento y Marea (“Breaking the waves” von Trier, 1996). Es que, en lo estético, esta serie parece ser una bisagra entre la primera trilogía de von Trier (la trilogía Europa), esteticista y milimétrica, y su segunda trilogía (a la que llamó Corazón de oro), cruda y visualmente violenta. (Esto es clarísimo si pensamos que lo anterior que filmó fue la película Europa, con esos back proyectings, y movimientos complejos de cámara, y planos cerradísimos, que además significaba el final de su primer trilogía, y lo siguiente Contra viento y marea, en que recurre al contraste entre el panavisión y la cámara en mano abiertamente desprolija). Y dentro mismo de la serie, va a alternar la resolución de algunas secuencias cámara en mano con la utilización de movimientos fantasmagóricos en steady-cam, así como, a la cámara en mano, le irá dando distintas funciones: por un lado, la sensación de estar invadiendo el terreno en que las acciones se suceden. Luego, los cortes violentos y desprolijos van a permitirle permanentes pequeñas elipsis que tirarán hacia delante las acciones, o las retardarán cuando resulte necesario para la creación de suspenso. Y también para generar miedo y nerviosismo en el espectador en los momentos cúlmines. Pese al final (impresionante) de esta serie, parece que el director no tenía pensado rodar la segunda parte. Lo hizo tres años después, y si bien, como anticipaba, retoma la historia prácticamente en el punto en que la dejó, introduce en la concepción de la segunda serie varios cambios.
Antes de meternos con algunas características de Riget 2, vamos a definir las líneas argumentales principales. 1: Derivando del final de la serie anterior, el primer ministro de Dinamarca había hecho una visita al hospital, junto con un tal Bob, encargado de Hospitales. El ministro, en esta nueva serie, desaparece, y Bob se la pasa observando minuciosamente todo lo que sucede, y buscando al primer ministro. 2: Harto ya de su enfrentamiento con Hooks, Stig Helmer se va hasta Haití a buscar un poderoso veneno que lo deje fuera de combate. 3: La señora Drusse tiene un accidente, y esta vez deberá ingresar al hospital por motivos reales. Pero en su agonía tendrá una revelación que la hará poner toda su voluntad en recuperarse e iniciar una nueva investigación espiritista. Con la diferencia que esta vez los espíritus son muchísimos, y se enfrenta a la amenaza de la presencia del demonio, por lo que la investigación es más compleja y riesgosa. Cuenta, siempre, con la ayuda de su hijo Bulder y de Hansen, compañero de este. 4: El hijo de Judith nace con ciertas características especiales. Lo cual no quita que ella se haga cargo de él como una amante madre. Pero deberá enfrentarse a una decisión ética tremenda a partir de ciertas proposiciones demoníacas. 5: Rigmor está al borde de la locura al sentirse traicionada por Helmer. Y tendrá que debatirse entre su amor profundo y sus deseos de venganza. 6: El Dr. Moesgaard, director del hospital, siente que todo se le va de las manos. Por lo que inicia un tratamiento gestáltico con un extraño psicólogo en el sótano del hospital, que lo hará enfrentarse con sus propios miedos y fantasmas. 7: El Dr. Bondo, a quien no pudieron reimplantarle su propio hígado, lleva dentro de sí un hígado con un tumor terminal, que está haciendo metástasis. Y mientras investiga con sus compañeros cual es el mejor modo de proceder, reinicia sus clases. 8: El cerco de las investigaciones respecto a la actitud de Helmer en la operación que dejó a Mona en estado vegetativo empieza a acorralar al médico, que debe recurrir a su ingenio para intentar ir zafando. Y encima, Mona empieza a dejar mensajes sobre su culpabilidad a través de un juego de cubos con letras. 9: Christian, compañero de estudios de Mooge, va descubriendo cosas que le intensifican sus constantes conflictos éticos. Pero eso choca con el amor cada vez más profundo que siente por Sanne, (otra compañera de estudios, que compensa el horror que siente al ver sangre en las operaciones con dosis cada vez mayores de videos splatter), que no le da ni bola. Entre las cosas que descubre está el asunto de las apuestas a las carreras descontroladas del Halcón en la ambulancia. El Halcón, un enmascarado empleado del Hospital, se sube en cierto punto de la ciudad a la ambulancia, y tiene que hacer un tramo a toda velocidad, de contramano y por la autopista, hasta otro punto determinado, en que un camión esconde su vehículo. Esto va siendo monitoreado por las cámaras de seguridad del hospital, dando por resultado un extraño ritual en que muchos empleados apuestan mucho dinero. Uno de los apostadores más fuertes es Mooge. Y una enamorada del chofer que se anima a tales proezas es Sanne. 10: Mooge intenta, a través de la adulación, conquistar en su favor la simpatía de Helmer, ya que se acercan los exámenes de su materia y no sabe absolutamente nada. Para ello se ofrecerá a distintos servicios a favor del médico.
Si
bien las líneas básicas de puesta en escena y tratamiento estético
son semejantes en ambos capítulos, aquí se agregan un par de
registros, sobre todo para sostener la nueva presencia: el demonio. Las texturas
de las subjetivas del ente perverso manejan un tinte verde excedido, y se
juega además con escenas grabadas con cámara nocturna, con el
característico tono verdoso y las miradas blancas.
Rigmor: Perdidamente enamorada de Helmer, lo ayuda a intentar recuperar el registro. Logra inutilizar una copia echándole café encima. Pero no tiene acceso a la otra copia, que está en el archivo. Su intención es casarse e ir con Helmer a Haití, que la tiene fascinada con sus brujerías y su magia. Helmer detesta eso y todo lo que no sea estrictamente racional, y su actitud para con ella va de la servilidad ante los favores que pueda hacerle, al desprecio más explícito. Hooks: Encargado de la circulación en el area de neurocirugía (o algo así). Detesta a Helmer, y hará todo lo posible para llegar a hacerse del registro, que si lo señala culpable, dejará a su superior en sus manos, estabilizándose así su posición de poder subterráneo, que se ve amenazada desde la llegada de este. Maneja todo lo que hace al submundo del tráfico de objetos en el hospital. Transa con todo el mundo. Siempre en un plano de ambigüedad moral, más o menos se mantiene en la línea del bien. Se enamora de Judith, una médica del hospital, que de entrada no le da bola pero luego sí. Judith: Está embarazada y el padre de la criatura la dejó. Es por eso que no le da bola al principio a Hooks, pero luego le dirá la verdad y juntos esperarán el bebé.
Sigrid Drusse: Una mujer de unos 70 años. Espiritista totalmente comprometida con la búsqueda de espíritus, parece que no le fue muy bien en lo suyo hasta ahora. Logró contactar con el espíritu de una niña, Mary, y no va a dejar de inventar cosas para que la internen hasta no descubrir el secreto de ese fantasma, y ayudarla luego a descansar en paz. Muy agradable e inteligente, así como muy rigurosa y dura con su hijo Bulder, es la que lleva adelante la función de detective en la trama. Bulder: Hijo de Drusse, es un gordo medio ganso pero buenazo, que adora a su madre y la ayuda hasta en sus mayores delirios, poniendo en riesgo su trabajo y hasta a él mismo. Hansen: Amigo de Bulder, empleado de seguridad, apoya la investigación de la señora Drusse, y es quien descubre una de las patas del misterio: la de la ambulancia fantasma. Dr. Moesgaard: Director del hospital. Sus ingenuos planes para la optimización del hospital enervan a Helmer, aunque este le sigue la corriente en todo, al saberse en cierto peligro. Es bonachón y permisivo, sobre todo para los integrantes de una especie de logia masónica que funciona en el hospital, una hermandad llamada Los Hijos del Reino, en que la idiotez, la peligrosidad y la falta de escrúpulos parecen ir siempre juntas.
Bondo:
Uno de los médicos de la logia. Viene investigando desde hace muchos
años un extraño tumor de hígado, el hepatosarcoma (creo
que lo llamaban así), que aparece en un paciente cada 20 o 30 años.
Uno de sus pacientes está a punto de morir de ese tumor. Y su familia
no quiere que sus restos se donen a la ciencia. Camilla:
Se dedica al estudio del cerebro durante los sueños, analizando pacientes
que cobran unos pesos por dormir conectados a sofisticados equipamientos.
Cuarentona, está buena, y no soporta los idiotas embates de Mooge. Christian: Compañero de estudios de Mooge. Observa de cerca el comportamiento de su amigo, aunque no lo avala, pero lo pone en permanente autoconflicto. Está enamoradísimo de Sanne. Sanne: Compañera de Mooge y Christian. No soporta ver sangre en vivo, pero se la pasa mirando películas splatter en video. No le da bola a Christian, y le gusta Mooge.
El Bebé: El hijo de Judith y Aage es muy especial, y absolutamente impactante. Una presencia compleja, en cierto sentido cercana a la de los lavaplatos, poseedora de un saber que trasciende el conocimiento lógico. Personaje que hace un recorrido muy difícil, entre el rechazo que provoca desde el principio al afecto que logra conquistar a medida que se hace conocer, y permite ver cómo, aún teniendo todo para ser un emisario del mal, valientemente elige ir hacia el bien, provocando en su camino la reflexión y el crecimiento de los que lo rodean y logran superar el rechazo y conocerlo más profundamente. Los
dos lavaplatos: Un chico y una chica, mogólicos, dos presencias
que no salen de su reducto, aparentemente en alguno de los sótanos
del hospital, y que se encargan de lavar la vajilla. Ellos saben todo
lo que sucede, lo más evidente y lo más oculto (en el sentido
ocultista del término), y en sus charlas parece irrumpir von Trier,
con sus conceptos.
Bueno, llegó el momento de despedirnos. Volviendo al primer párrafo, y a la dudosa utilidad que tiene una nota de esta naturaleza, agregaría que además de ser inútil, no lo es tanto. Primero, porque ya que sabemos, a esta altura, que hay gente pa todo, (como por ejemplo yo mismo). Y luego, porque realmente para los que nos gusta tanto el cine, hay pocas cosas tan buenas como encontrar unas líneas con las que conversar acerca de una película que nos haya impactado. Así que si estás leyendo esta línea porque llegaste al final de todo esto: salú, es un verdadero gusto estar conversando. |
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