---------------------Riget (El reino) Miniserie de Lars von Trier. -- Reseña: Javier Diment.

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Qué se yo... no puedo menos que empezar por esa frase. Básicamente porque uno siempre duda un poco de para qué se pone a escribir una u otra cosa. Y si eso ocurre en general, mucho más ocurre con esto, con este tipo de reseña-relevamiento, estas notas que tienen más de recorrer uno mismo aquello que acaba de ver que con sentir que realmente uno tiene algo que decir al respecto.

Porque esta nota es una mezcla de reseña, análisis y el fruto de esa compulsión por conversar de una película cuando te impacta. Bah, a mí me pasa eso: quedo en un estado en que necesito hablar de la película, buscar notas, material, cosas que me ayuden a entrar más, a, de algún modo, apropiarme más de eso que tanto efecto me hizo. Reseñarla, analizarla, entonces, es una de esas charlas, una de las maneras de intentar que esa experiencia se me incorpore de la manera más completa posible.

Decía película cuando es, en realidad, una miniserie. O mejor dicho: dos. La primera es de cuatro capítulos (1994, 280 minutos de duración total), y la segunda de cinco o cuatro, según el corte, (1997, 286 minutos). Riget es de esas miniseries que cuando uno lee en una entrevista que el realizador la hizo, más que nada, ante la necesidad de ganar unos pesos, quiere ir y putearlo de pura envidia. Es impresionante, una historia buenísima, escalofriante en lo que tiene de terror, y sobre todo en lo que tiene de mirada al extraño animalejo dado en llamar ser humano. Se la nota afectada por ese vendaval o terremoto que fue Twin Peaks (1990, David Lynch), pero le ha tomado el guante con gran altura, y ha logrado convertirse en otra miniserie de culto, sosteniéndose por sus propios (y muchísimos) hallazgos.
Es una historia cargadísima, que no se detiene nunca, fuerte visualmente, fuerte de contenido, que se sacude con violencia y naturalidad entre el naturalismo y el bizarro más feroz, entre el terror, el drama y la comedia, y que suma sorpresas con una habilidad e intensidad que la hacen única.
El año pasado se estrenó en la televisión yanqui una versión adaptada por Stephen King (Stephen King´s Kingdom Hospital, tuvieron el tupé de llamarla los caraduras), de 13 capítulos. Cuando la vea les cuento. Por ahora, vamos a entrarle a estas dos miniseries, que si bien la segunda es continuación inmediata de la primera, hay varias diferencias en el tratamiento general, así que las veremos por separado.



Riget 1:
Riget (El Reino), es un hospital de alta tecnología emplazado en una zona donde siglos atrás solo había pantanos. Allí, a la manera de las clásicas series yanquis de hospitales, médicos y pacientes llevan adelante sus vidas cotidianas con las maravillas y dificultades que eso implica. Pero hay que tomar en cuenta que el que cuenta la historia es un Lars von Trier influenciado por Twin Peaks... así que el resultado es un viaje violento en que se cruzan el terror de espíritus, el drama humano profundo, el suspenso de alta intensidad y el sentido del humor más descarnado y nihilista.

Es un relato coral, donde hay una línea argumental básica que atraviesa todo: la investigación de la señora Drusse siguiendo las huellas de Mary, el espíritu de una niña que tiene algo para decir, y mientras no lo haga no podrá descansar en paz. Pero lo esencial aquí será la interacción de los personajes, que pondrán en juego, a través de sus pasiones, pulsiones e intenciones, una serie de conflictos con un crescendo permanente. Y que encarnaran, a su vez, uno de los conflictos básicos planteado por la historia, aquél que enfrenta al espíritu y la materia.

La pregunta que parece latir dentro de la historia es, como insiste en señalar Von Trier en los finales de los capítulos, la posición que toma cada personaje en relación con el bien y el mal. Y esta posición estará muy influenciada por la capacidad que tenga cada uno de levantar la cabeza en algún momento de sus propios conflictos y tomar cierta distancia hacia algo más abarcador. Hacia una cierta idea de Dios, podríamos decir, sobre todo conociendo el militante aunque no cuadrado punto de vista católico de von Trier. De hecho, esta serie está filmada en pleno momento de crisis espiritual del director, época en que se inclinó hacia el catolicismo de manera definida.
Como sea, todo esto es algo latente (aunque no oculto), dentro de una trama de gran dramatismo.

Entrando un poco más.
Hay tres tonos paralelos: el drama humano, presentando gente con conflictos y actitudes lo bastante extremas como para tenernos permanentemente al borde del aullido; el de terror de espíritus, que planta todo el tiempo misterios, apariciones, fantasmas, sobresaltos, logrando atravesar el drama para dar un suspenso creciente, que estalla de manera magistral en el último capítulo; y los pasos de comedia, tan zarpados y riesgosos como las otras dos marcas de género.

Las lineas argumentales que se van cruzando son básicamente las siguientes:

1: Todo indica que el doctor Stig Helmer (insoportable, soberbio, paranoico, déspota, un sueco que está en Dinamarca, país que desprecia y en el que se refugió por oscuros motivos, y trabaja desde no hace mucho tiempo en el hospital), es el responsable del estado vegetativo de Mona, (una niña que quedó así luego que este médico la operase). Y pese a la protección del director del hospital, la ley lo va acorralando. Entonces Helmer intentará por todos los medios apoderarse de la única prueba que hay en su contra: el registro de la operación, celosamente guardado en el archivo, al que no tiene acceso. Se valdrá de Rigmor (parte del personal del hospital, muy enamorada de Helmer, cuyos planes son casarse con él y viajar juntos a Haití) y de todo aquel que tenga a mano para intentar conseguirlo y destruirlo.
Pero hay otro médico, por debajo de Helmer en los escalafones hospitalarios, a quien todos llaman Hooks, que detesta a Helmer, y hará todo lo posible para llegar a hacerse del registro, y tener a su superior en sus manos. Hooks maneja todo lo que hace al submundo del tráfico de objetos en el hospital, y es un enemigo muy de temer.

2: La señora Drusse tiene unos 70 años. Totalmente comprometida con la búsqueda de contacto con espíritus, parece que no le fue muy bien en lo suyo hasta ahora. En el hospital logró contactar con el espíritu de una niña, Mary, y no va a dejar de inventar cosas para que la internen (pese a la oposición de Helmer) hasta descubrir el secreto de ese fantasma, y ayudarla luego a descansar en paz. Para ello, hará sesiones de espiritismo, investiga entre los registros, sonsaca a médicos y pacientes, y se vale de la ayuda de su hijo Bulder (un gordo vikingo, medio gil y bonachón, que adora a su madre pese al trato rígido que tiene con él), para llevar adelante la función de detective dentro de la trama.

3: El Dr. Moesgaard, director del hospital, quiere que a través de su ingenuo proyecto Brisa Fresca (o algo así), la institución se convierta en modelo, y llegue a la cima de su fama. Tanto que logrará la visita oficial del primer ministro y el encargado de hospitales. Moesgaard es bonachón, algo estúpido y permisivo, sobre todo con los integrantes de una especie de logia masónica que funciona en el hospital, una hermandad llamada Los Hijos del Reino, en que la idiotez, la peligrosidad y la falta de escrúpulos parecen ir siempre juntas. Helmer no soporta sus estupideces, pero lo sigue en todo, hipócritamente, para cuidar su puesto.

4: Mooge es el hijo de Moesgaard. Muy ambicioso, inescrupuloso y algo estúpido. Está por recibirse de médico, pero tiene que recurrir a cualquier cosa con tal de lograr su título, porque es muy bruto en la materia. Está hiper caliente con Camilla, una médica mayor que él, que no le da bola, y hace cualquier cosa para llamarle la atención. Una de las jugadas que hará para conseguirla lo pondrá en manos de Hooks, que lo utilizará para conseguir el registro de la operación de Helmer.

5: El doctor Bondo es uno de los médicos de la Hermandad. Viene investigando desde hace muchos años un extraño tumor de hígado, el hepatosarcoma (creo que lo llamaban así), que aparece en un paciente cada 20 o 30 años. Uno de sus pacientes está a punto de morir de ese tumor. Y su familia no quiere que sus restos se donen a la ciencia. Reinterpretando una idea de Hellmer, decide, con el apoyo de sus compañeros de la Hermandad, implantárselo él mismo, para luego reimplantarse el suyo propio. Claro que nada es tan sencillo como parece.

6: Hooks está enamorado de Judith, que al principio no le da bola, pero un día le explica por qué: él le gusta mucho, pero ella está embarazada, y no sabe nada del padre de la criatura. Así que él decide hacerse cargo. Judith espera el nacimiento de su hijo, contenta por su relación con Hook. Pero todo empieza a enrarecerse por dos cosas: primero, el crecimiento del feto es anormalmente veloz. A las 11 semanas parece estar a punto de parir. Y luego por el extraño comportamiento de su pareja, una vez que él la ve transparentarse como un fantasma.

Naturalismo bizarro.
El ritmo con que se van alternando estas historias es perfecto. Permite la identificación, y el desarrollo en profundidad de cada conflicto, y permite a su vez que estos se crucen en el camino de cada personaje con absoluta naturalidad. A medida que la serie avanza, las acciones y reacciones se van haciendo más extremas, abandonando paulatinamente un cierto tono realista (o algo así, teniendo en cuenta la presencia de fantasmas, pero me refiero al verosímil habitual en este tipo de relatos), y entrando en un territorio mucho más arriesgado, en que un espectador desprevenido (o mal avenido con este tipo de relato), puede retirarse indignado por el delirio que están intentando hacerle creer. Cabe aclarar que no es mi caso, todo lo contrario: ya en un punto la bizarrez convive con el realismo de la puesta de cámara y el naturalismo de las actuaciones de manera tan íntima que me resultó completamente atrapante.

Y en esto interviene uno de los grandes rasgos que maneja esta serie: la intensidad. Los conflictos, los delirios, el suspenso, todo crece en intensidad de manera exasperante. Tanto que la historia se permite, por ejemplo, desarrollar visualmente los efectos especiales de manera sencilla y evidente, sin intentar sorprender por ese lado, sino involucrando la complicidad del espectador a la hora de creerse tal o cual efecto (me refiero a ciertos recortes de chroma, por ejemplo en los sueños de Mooge, o a las presencias fantasmagóricas que apelan a un simple semifundido para dar transparencia a los personajes), porque se le está garantizando, para compensar, un relato cuya intensidad pasa por otro lado, o por otros lados: por todos los demás.

Varios años después, decía von Trier en una entrevista a propósito de Dogville: “Mi intención también es volver a contar con el público, y por eso no me detengo tanto en los efectos técnicos, prefiero centrarme en el juego de actores y en la historia. Puedo emplear la técnica como un zoom psicológico, porque el hombre está dotado de una gran imaginación y quiero que la utilice”.

La puesta general alterna estilos, así como subtramas. Las secuencias hiperestilizadas de la presentación, con esos amarillos que recuerdan la fotografía de El elemento del crimen (von Trier, 1984), y esos fluidos travellings con cámaras lentas, que pasan de la superficie de la tierra, a través del agua, hasta el más profundo de los subsuelos, dan paso a puestas con cámara en mano, con un montaje sucio y rítmico, cortes en el eje y saltos de eje incluidos, que anticipan aquella película pre-dogma llamada Contra Viento y Marea (“Breaking the waves” von Trier, 1996). Es que, en lo estético, esta serie parece ser una bisagra entre la primera trilogía de von Trier (la trilogía Europa), esteticista y milimétrica, y su segunda trilogía (a la que llamó Corazón de oro), cruda y visualmente violenta. (Esto es clarísimo si pensamos que lo anterior que filmó fue la película Europa, con esos back proyectings, y movimientos complejos de cámara, y planos cerradísimos, que además significaba el final de su primer trilogía, y lo siguiente Contra viento y marea, en que recurre al contraste entre el panavisión y la cámara en mano abiertamente desprolija).

Y dentro mismo de la serie, va a alternar la resolución de algunas secuencias cámara en mano con la utilización de movimientos fantasmagóricos en steady-cam, así como, a la cámara en mano, le irá dando distintas funciones: por un lado, la sensación de estar invadiendo el terreno en que las acciones se suceden. Luego, los cortes violentos y desprolijos van a permitirle permanentes pequeñas elipsis que tirarán hacia delante las acciones, o las retardarán cuando resulte necesario para la creación de suspenso. Y también para generar miedo y nerviosismo en el espectador en los momentos cúlmines.

Pese al final (impresionante) de esta serie, parece que el director no tenía pensado rodar la segunda parte. Lo hizo tres años después, y si bien, como anticipaba, retoma la historia prácticamente en el punto en que la dejó, introduce en la concepción de la segunda serie varios cambios.


Riget 2.
En primer lugar, parece que de entrada Lars von Trier no tenía intenciones de participar como director, sino que iba a dejar ese rubro en manos del co-director de la primera serie. Cambió de idea al tener finalizado el guión. Para la escritura de la historia, prescindió de uno de los tres guionistas de la primera, por lo que quedaron solo él y Niels Vørsel, con quien escribió su primera trilogía, aparte de estas dos miniseries. (El otro guionista, Tomas Gíslason, también participó en El elemento del crimen).
Luego, la intención de filmar más o menos rápido una tercera parte se malogró, hasta ahora, por la muerte de dos actores, tal vez sus personajes más potentes: Stig Helmer y la señora Drusse. Igualmente, pensando en los finales, resulta extraño esto. Porque en el final de la primera (que no pensaba continuar), impresionante por donde se lo mire, quedaban todas las líneas abiertas. Mientras que en el de la segunda, si bien quedan cosas a seguir, muchas otras se cierran claramente. Además de no ser tan sorprendente ni hijo de puta como el de la primera.

Antes de meternos con algunas características de Riget 2, vamos a definir las líneas argumentales principales.

1: Derivando del final de la serie anterior, el primer ministro de Dinamarca había hecho una visita al hospital, junto con un tal Bob, encargado de Hospitales. El ministro, en esta nueva serie, desaparece, y Bob se la pasa observando minuciosamente todo lo que sucede, y buscando al primer ministro.

2: Harto ya de su enfrentamiento con Hooks, Stig Helmer se va hasta Haití a buscar un poderoso veneno que lo deje fuera de combate.

3: La señora Drusse tiene un accidente, y esta vez deberá ingresar al hospital por motivos reales. Pero en su agonía tendrá una revelación que la hará poner toda su voluntad en recuperarse e iniciar una nueva investigación espiritista. Con la diferencia que esta vez los espíritus son muchísimos, y se enfrenta a la amenaza de la presencia del demonio, por lo que la investigación es más compleja y riesgosa. Cuenta, siempre, con la ayuda de su hijo Bulder y de Hansen, compañero de este.

4: El hijo de Judith nace con ciertas características especiales. Lo cual no quita que ella se haga cargo de él como una amante madre. Pero deberá enfrentarse a una decisión ética tremenda a partir de ciertas proposiciones demoníacas.

5: Rigmor está al borde de la locura al sentirse traicionada por Helmer. Y tendrá que debatirse entre su amor profundo y sus deseos de venganza.

6: El Dr. Moesgaard, director del hospital, siente que todo se le va de las manos. Por lo que inicia un tratamiento gestáltico con un extraño psicólogo en el sótano del hospital, que lo hará enfrentarse con sus propios miedos y fantasmas.

7: El Dr. Bondo, a quien no pudieron reimplantarle su propio hígado, lleva dentro de sí un hígado con un tumor terminal, que está haciendo metástasis. Y mientras investiga con sus compañeros cual es el mejor modo de proceder, reinicia sus clases.

8: El cerco de las investigaciones respecto a la actitud de Helmer en la operación que dejó a Mona en estado vegetativo empieza a acorralar al médico, que debe recurrir a su ingenio para intentar ir zafando. Y encima, Mona empieza a dejar mensajes sobre su culpabilidad a través de un juego de cubos con letras.

9: Christian, compañero de estudios de Mooge, va descubriendo cosas que le intensifican sus constantes conflictos éticos. Pero eso choca con el amor cada vez más profundo que siente por Sanne, (otra compañera de estudios, que compensa el horror que siente al ver sangre en las operaciones con dosis cada vez mayores de videos splatter), que no le da ni bola. Entre las cosas que descubre está el asunto de las apuestas a las carreras descontroladas del Halcón en la ambulancia. El Halcón, un enmascarado empleado del Hospital, se sube en cierto punto de la ciudad a la ambulancia, y tiene que hacer un tramo a toda velocidad, de contramano y por la autopista, hasta otro punto determinado, en que un camión esconde su vehículo. Esto va siendo monitoreado por las cámaras de seguridad del hospital, dando por resultado un extraño ritual en que muchos empleados apuestan mucho dinero. Uno de los apostadores más fuertes es Mooge. Y una enamorada del chofer que se anima a tales proezas es Sanne.

10: Mooge intenta, a través de la adulación, conquistar en su favor la simpatía de Helmer, ya que se acercan los exámenes de su materia y no sabe absolutamente nada. Para ello se ofrecerá a distintos servicios a favor del médico.


Quilombo.
Un dato salta a la vista de manera inmediata: la cantidad de líneas argumentales es prácticamente el doble. Y encima, cada una de estas líneas tiene un desarrollo mucho más complejo que las de la primera serie, con más avatares, complicaciones, subtramas, cruces de personajes, y además, a medida que avanzan los capítulos, surgen de allí otros elementos y personajes que las hacen más complejas aún.
Aquí radica la diferencia fundamental entre la primera y la segunda serie: al manejar tantos elementos, el ritmo crece, pero la profundidad decae. En esta serie todo es más exagerado aún que en la anterior. Los elementos terroríficos y fantásticos son más numerosos, los gags y pasos de comedia, más exagerados y evidentes, los elementos bizarros son más zarpados, y las situaciones de suspenso más habituales. Lo cual aporta en ritmo, pero, a mi criterio, disminuye en intensidad dramática.
Lo que en la serie anterior era drama profundo, en esta pasa a ser melodrama, más esquemático, más maniqueo. Lo que en la anterior parecía natural, en esta se nota que está puesto allí por los guionistas para ir generando efectos en el espectador. Y muchas resoluciones, o elementos que hacen avanzar la trama, son libre y rápidamente encajados, reposando en las posibilidades que otorga la arbitrariedad. De golpe, por ejemplo, tal resulta ser el medio hermano de tal. Porque sí, porque hacía falta. Ojo, esto no quita que esté buenísima. Es apasionante, siempre sorprendente y muy entretenida. Solo que las intensidades que logra son de índole más superficial, y por lo tanto no tan efectivas.

Si bien las líneas básicas de puesta en escena y tratamiento estético son semejantes en ambos capítulos, aquí se agregan un par de registros, sobre todo para sostener la nueva presencia: el demonio. Las texturas de las subjetivas del ente perverso manejan un tinte verde excedido, y se juega además con escenas grabadas con cámara nocturna, con el característico tono verdoso y las miradas blancas.
Además se incorporan, a partir de las escenas de la ambulancia kamikaze (que reemplaza a la ambulancia fantasma de la primera), puestas algo más clásicas de velocidad y persecución de autos, aunque con el agregado de la cámara en mano enfermante de von Trier. Hay una escena, en términos de puesta con cámara en mano, que funciona muy bien: aquella en que el Dr. Moesgaard conversa consigo mismo, jugado a planos y contraplanos con cortes violentos que imponen algo así como microelípsis en los movimientos del personaje. Aunque por lo demás todo conserva las bases de antes.


Un par de elementos en común:
Se mantienen dos elementos en común con la primera: las irrupciones de la pareja de jóvenes con síndrome de down, que lava los platos en algún lugar aislado del hospital, y saben todo lo que allí sucede. Ellos son los que conocen el alma humana y el misterio más profundo, y los que emiten opinión, refuerzan ciertas explicaciones, y dejan picando ciertos misterios de bloque a bloque. Y la presencia, cerrando cada capítulo, de Lars von Trier hablándole directamente al público. Esto último no deja de ser curioso. Por un lado, utiliza el viejo recurso que tan bien utilizaron Hitchcok y Chicho Ibañez Serrador. Aunque estos lo hacían para presentar sus programas, y von Trier lo hace para cerrarlos, y dejar picando algún elemento que refuerce el interés del espectador para ver el próximo capítulo (hay que tener en cuenta que los primeros aparecían para presentar unitarios, mientras que en el caso de von Trier se trata de episodios con continuidad). Y paralelamente da una pista de una característica del director: por un lado, trabaja sus películas con la mayor de las libertades, aparentemente sin concesiones hacia el público en términos de conquistarlo a través de aquellos recursos más habituales en el cine comercial. Pero a la vez se interesa por una estrategia en particular que haga que sus películas tengan la mayor llegada posible en términos de público, y que sean redituables en lo económico: se convierte a sí mismo en marca. Presentando sus miniseries televisivas, emitiendo las bases del Dogma, traicionándolas inmediatamente, convocando estrellas mass media para sus productos independientes, etcétera, logra mantener su independencia pero a la vez su capacidad productiva. (Hay que tener en cuenta que, según él mismo dice, realizó esta miniserie para ganar dinero porque andaba quebrado, lo cual, por otro lado, no incidió en la libertad con que se manejó a la hora de desarrollar sus demencias, tanto argumentales como formales).


Guía de Personajes:
Stig Helmer. Un sueco que por motivos oscuros está trabajando en Dinamarca, país que detesta profundamente. Es el jefe de la sección de neurocirugía. Poco tiempo atrás operó a una niña, Mona, que a resultas de la operación quedó en estado vegetativo. Todo hace suponer que fue mala praxis. Por todos los medios intenta evitar que los papeles de registro de la operación lleguen a la justicia. Es tiránico, de muy mal trato con la gente, rápidamente detestable, y paranoico. Sobre todo porque, pese a buscar cierta estabilidad en su posición, esta se ve permanentemente en riesgo por su pasado, el inmediato y el más antiguo.

Rigmor: Perdidamente enamorada de Helmer, lo ayuda a intentar recuperar el registro. Logra inutilizar una copia echándole café encima. Pero no tiene acceso a la otra copia, que está en el archivo. Su intención es casarse e ir con Helmer a Haití, que la tiene fascinada con sus brujerías y su magia. Helmer detesta eso y todo lo que no sea estrictamente racional, y su actitud para con ella va de la servilidad ante los favores que pueda hacerle, al desprecio más explícito.

Hooks: Encargado de la circulación en el area de neurocirugía (o algo así). Detesta a Helmer, y hará todo lo posible para llegar a hacerse del registro, que si lo señala culpable, dejará a su superior en sus manos, estabilizándose así su posición de poder subterráneo, que se ve amenazada desde la llegada de este. Maneja todo lo que hace al submundo del tráfico de objetos en el hospital. Transa con todo el mundo. Siempre en un plano de ambigüedad moral, más o menos se mantiene en la línea del bien. Se enamora de Judith, una médica del hospital, que de entrada no le da bola pero luego sí.

Judith: Está embarazada y el padre de la criatura la dejó. Es por eso que no le da bola al principio a Hooks, pero luego le dirá la verdad y juntos esperarán el bebé.

Sigrid Drusse: Una mujer de unos 70 años. Espiritista totalmente comprometida con la búsqueda de espíritus, parece que no le fue muy bien en lo suyo hasta ahora. Logró contactar con el espíritu de una niña, Mary, y no va a dejar de inventar cosas para que la internen hasta no descubrir el secreto de ese fantasma, y ayudarla luego a descansar en paz. Muy agradable e inteligente, así como muy rigurosa y dura con su hijo Bulder, es la que lleva adelante la función de detective en la trama.

Bulder: Hijo de Drusse, es un gordo medio ganso pero buenazo, que adora a su madre y la ayuda hasta en sus mayores delirios, poniendo en riesgo su trabajo y hasta a él mismo.

Hansen: Amigo de Bulder, empleado de seguridad, apoya la investigación de la señora Drusse, y es quien descubre una de las patas del misterio: la de la ambulancia fantasma.

Dr. Moesgaard: Director del hospital. Sus ingenuos planes para la optimización del hospital enervan a Helmer, aunque este le sigue la corriente en todo, al saberse en cierto peligro. Es bonachón y permisivo, sobre todo para los integrantes de una especie de logia masónica que funciona en el hospital, una hermandad llamada Los Hijos del Reino, en que la idiotez, la peligrosidad y la falta de escrúpulos parecen ir siempre juntas.

Bondo: Uno de los médicos de la logia. Viene investigando desde hace muchos años un extraño tumor de hígado, el hepatosarcoma (creo que lo llamaban así), que aparece en un paciente cada 20 o 30 años. Uno de sus pacientes está a punto de morir de ese tumor. Y su familia no quiere que sus restos se donen a la ciencia.

Mooge: Hijo del Dr. Moesgaard, muy ambicioso, inescrupuloso y algo estúpido. Está estudiando medicina, pero tiene que recurrir a cualquier cosa con tal de lograr su título, porque es muy bruto en la materia. Está hiper caliente con Camilla, una médica mayor que él, que no le da bola, y hace cualquier cosa para llamarle la atención, aunque todo va saliendo mal.

Camilla: Se dedica al estudio del cerebro durante los sueños, analizando pacientes que cobran unos pesos por dormir conectados a sofisticados equipamientos. Cuarentona, está buena, y no soporta los idiotas embates de Mooge.

Aage: El siempre inquietante Udo Kier. Su presencia más fuerte está en el final de la primera entrega, y durante la segunda. Es el padre de Mary, el espíritu con que contactó la señora Drusse.

Christian: Compañero de estudios de Mooge. Observa de cerca el comportamiento de su amigo, aunque no lo avala, pero lo pone en permanente autoconflicto. Está enamoradísimo de Sanne.

Sanne: Compañera de Mooge y Christian. No soporta ver sangre en vivo, pero se la pasa mirando películas splatter en video. No le da bola a Christian, y le gusta Mooge.

El Bebé: El hijo de Judith y Aage es muy especial, y absolutamente impactante. Una presencia compleja, en cierto sentido cercana a la de los lavaplatos, poseedora de un saber que trasciende el conocimiento lógico. Personaje que hace un recorrido muy difícil, entre el rechazo que provoca desde el principio al afecto que logra conquistar a medida que se hace conocer, y permite ver cómo, aún teniendo todo para ser un emisario del mal, valientemente elige ir hacia el bien, provocando en su camino la reflexión y el crecimiento de los que lo rodean y logran superar el rechazo y conocerlo más profundamente.

Los dos lavaplatos: Un chico y una chica, mogólicos, dos presencias que no salen de su reducto, aparentemente en alguno de los sótanos del hospital, y que se encargan de lavar la vajilla. Ellos saben todo lo que sucede, lo más evidente y lo más oculto (en el sentido ocultista del término), y en sus charlas parece irrumpir von Trier, con sus conceptos.

The Kingdom: El hospital. Está edificado en una zona que, siglos atrás, fue una ciénaga muy brumosa en la que trabajaban los lavanderos. Ahora es un gran edificio, que alberga el hospital más sofisticado de Dinamarca. Pero aquellas brumas que quedaron atrás parecen estar queriendo volver a tomar posesión de su lugar.

Lars von Triers: Es el encargado de cerrar cada capítulo con reflexiones de cierto tono de humor amargo. Le habla directo al público e intenta dejar siempre algo picando como para reforzar su interés por ver el próximo capítulo.

 

Bueno, llegó el momento de despedirnos. Volviendo al primer párrafo, y a la dudosa utilidad que tiene una nota de esta naturaleza, agregaría que además de ser inútil, no lo es tanto. Primero, porque ya que sabemos, a esta altura, que hay gente pa todo, (como por ejemplo yo mismo). Y luego, porque realmente para los que nos gusta tanto el cine, hay pocas cosas tan buenas como encontrar unas líneas con las que conversar acerca de una película que nos haya impactado. Así que si estás leyendo esta línea porque llegaste al final de todo esto: salú, es un verdadero gusto estar conversando.


Ficha Técnica:
Riget (The Kingdom)

Año 1994 - 1997
País: Dinamarca
Dirección:

Lars von Trier
Morten Arnfred
Guión:
Tomas Gíslason
Lars von Trier
Niels Vørsel
Fotografía:
Eric Kress
Intérpretes:
Kirsten Rolffes
Holger Juul Hansen
Søren Pilmark
Ghita Nørby
Jens Okking
Otto Brandenburg
Annevig Schelde Ebbe
Baard Owe
Birgitte Raaberg
Peter Mygind
Vita Jensen
Morten Rotne Leffers
Solbjørg Højfeldt
Udo Kier