---------------------Es un problema tener ojos. Por Beto Cortés.

Archivo:
Guiones
Entrevistas
Cine y literatura.
Columnas
Colaboraciones
Reseñas

Suplementos:
Extrabrut
Dr. Acula

Talleres de guión
Links
Prontuarios

(Bajar en Word)

Nota relacionada: El hombre de los ojos de rayos x

El colmo del revés es físico. No es un anverso o el famoso otro lugar. Lo quizás deforma definitivamente el grupo atómico en un anuncio que, al carecer de sexo, se refugia en la pobre opción de la sombra.

Desde ahí el comienzo del trabajo, de la actividad con la que el ojo lucra dar forma a la Madonna del objeto. El esfuerzo es descomunal, sin pasión, pero con causa. La trama del iris, estreñida, defeca luz desde el globo ocular hasta lograr un afuera incierto, que sin compartir contexto alguno es amasada entre frustraciones; la cosa como un gas desaparece. Su cómplice: el microsegundo separador entre la deposición y la formación, siempre y cuando esta se produjera en algún momento. Desde la fusión física comprobada en el esfínter de la herramienta óptica cruza el movimiento con ayuda de una baja repentina del glaucoma, lejos de cualquier garantía la retina es un colon incalculable que apelara cobardemente a la memoria u otro detestable objeto estabilizador. Se establece entonces el castigo de cargar con las deposiciones, inestables pero fijadas a fuerzas, que como un destino llevaremos porque sí hasta la casa del enterrador. Queda por cierto la opción de Ray Milland frente a la propuesta religiosa de extirpar el mal de un solo saque, con el compromiso de la oración a la Virgen de las letrinas donde todo concluye en el placer. Arráncatelos, arráncatelos. Por lo tanto nos enfrentamos a una doble naturaleza; expulsora y forjadora a la vez, que no deja ni opción ni límite. Las heces humeantes ofician de reflejo a una creencia que confunde la visión con lo externo, para negar, con la indecencia de lo autoritario, un diseño, anatómico o abstracto, todo al parecer de lo real-real, todo ocupando un lugar resguardado desde el principio a las pesadillas más perfumadas y aclaratorias que nos guían.

Duerman, no queda nada.