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Esta
carta se la dejó Rynosuke Akutagawa a un amigo antes de suicidarse,
a los 35 años de edad. Nunca la vimos traducida al español,
y ya que estamos trabajando sobre su obra, nos interesó publicarla
en versión bilingüe. No hay mucho que agregar a la claridad
de conceptos que manejan estas notas, así que allá vamos.
Traducción: Claudio Frydman.
Apunte
para un viejo amigo
Probablemente
nadie que intente el suicidio, como Reigner muestra en uno de sus
cuentos, tiene clara conciencia de todos sus motivos. Los cuales
generalmente son muy complejos. Por lo menos en mi caso está
impulsado por una vaga sensación de ansiedad, una vaga sensación
de ansiedad sobre mi propio futuro.
Aproximadamente
en los últimos dos años, he pensado solo en la muerte,
y con especial interés he leido un relato que trata sobre
este proceso. Mientras el autor se refiere a ésto en términos
abstractos, yo seré lo mas concreto que pueda, incluso hasta
el punto de sonar inhumano. En este punto yo estoy moralmente obligado
a ser honesto. En cuanto al vago sentido de ansiedad respecto de
mi futuro, creo que lo he analizado por completo en mi relato, "La
vida de un loco", excepto por el factor social, llamemoslo la sombra
del feudalismo, proyectada sobre mi vida. Esto lo omití a
propósito, al no tener la certeza de poder clarificar realmente
el contexto social en el cual viví.
Una
vez tomada la decisión de suicidarme (yo no lo veo en la
forma en que lo ven los occidentales, es decir como un pecado) me
resolví por la forma menos dolorosa de llevarlo a cabo. Excluí,
por razones prácticas y estéticas, la posibilidad
de ahorcarme, dispararme un tiro, saltar al vacio u otras formas
de suicidio. El uso de drogas me pareció el camino mas satisfactorio.
Y por el lugar, tendría que ser mi propia casa, cualquiera
sean los inconvenientes para mi familia. Como una suerte de trampolín,
al igual que Kleist y Racine, pensé en la compania de una
amante o un amigo, pero habiendo elevado la autoconfianza, decidí
seguir adelante solo. Y la última cosa a considerar, fue
asegurarme una perfecta ejecución, sin el conocimiento de
mi familia. Después de unos meses de preparación me
convencí de la posibilidad de realizarlo.
Nosotros
los humanos, siendo animales humanos, tenemos un miedo animal a
la muerte, la así llamada vitalidad no es otra cosa que fuerza
animal. Yo mismo soy uno de esos animales humanos. Mi sistema parece
gradualmente haberse liberado de esa fuerza animal, teniendo en
cuenta el poco interés que me queda por el alimento y las
mujeres. El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas,
lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz,
si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza
mas hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto,
amado, entendido mas que otros, en ésto tengo cierto grado
de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí
he soportado.
P.S:
Leyendo la vida de Empédocles, me dí cuenta de cuán
antiguo es el deseo de uno de convertirse en Dios. Esta carta, en
cuanto a mi concierne, no intenta esto. Por el contrario, yo me
considero uno de los hombres mas comunes. Vos debés recordar
esos días, veinte años atrás, cuando discutimos
"Empédocles sobre el Etna" bajo los árboles de tilo.
En esos tiempos yo era uno de los que deseaba convertirse en Dios.
A
note to a certain old friend
Probably
no one who attempts suicide, as Regnier shows in one of his short
stories, is fully aware of all his motives, which are usually
too complex. At least in my case it is prompted by a vague sense
of anxiety, a vague sense of anxiety about my own future.
Over
the last two years or so I have thought only of death, and with
special interest read a remarkable account of the process of death.
While the author did this in abstract terms, I will be as concrete
as I can, even to the point of sounding inhuman. At this point
I am duty bound to be honest. As for my vague sense of anxiety
about my own future, I think I analyzed it all in A Fool's Life,
except for a social factor, namely the shadow of feudalism cast
over my life. This I omitted purposely, not at all certain that
I could really clarify the social context in which I lived.
Once
deciding on suicide (I do not regard it as a sin, as Westerners
do), I worked out the least painful means of carrying it out.
Thus I precluded hanging, shooting, leaping, and other manners
of suicide for aesthetic and practical reasons. Use of a drug
seemed to be perhaps the most satisfactory way. As for place,
it had to be my own house, whatever inconvenience to my surviving
family. As a sort of springboard I, as Kleist and Racine had done,
thought of some company, for instance, a lover or friend, but,
having soon grown confident of myself, I decided to go ahead alone.
And the last thing I had to weigh was to insure perfect execution
without the knowledge of my family. After several months' preparation
I have at last become certain of its possibility.
We
humans, being human animals, do have an animal fear of death.
The so-called vitality is but another name for animal strength.
I myself am one of these human animals. And this animal strength,
it seems, has gradually drained out of my system, judging by the
fact that I am left with little appetite for food and women. The
world I am now in is one of diseased nerves, lucid as ice. Such
voluntary death must give us peace, if not happiness. Now that
I am ready, I find nature more beautiful than ever, paradoxical
as this may sound. I have seen, loved, and understood more than
others. In this at least I have a measure of satisfaction, despite
all the pain I have thus far had to endure.
P.S.
Reading a life of Empedocles, I felt how old is this desire to
make a god of oneself. This letter, so far as I am conscious,
never attempts this. On the contrary, I consider myself one of
the most common humans. You may recall those days of twenty years
ago when we discussed "Empedocles on Etna" - under the linden
trees. In those days I was one who wished to make a god of myself.
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