---------------------Qué.-- Por Javier Diment.

Archivo:
Guiones
Entrevistas
Cine y literatura.
Columnas
Colaboraciones
Reseñas

Suplementos:
Extrabrut
Dr. Acula

Talleres de guión
Links
Prontuarios

(Bajar en Word)

 

Tejer. Algunos de los mejores abrigos de mi vida estuvieron tejidos con estas hebras. Películas, libros, ciertas compañías. Y lógico, después se sufre por lo mismo. ¿Cómo no querer ocuparse en aquellas cuestiones que uno ya tiene pegadas a la felicidad, a esas cosas móviles que uno menciona con esa palabra?

La felicidad es un derivado del funcionamiento, decía Burroughs.

Obligar a algo a que nos obligue a algo. Digo, a la madrugada, enfermo por lo que nos cuesta armarnos. ¿Escribir un guión, o ese poema? ¿Para qué?

Aquí estamos.

Ya corridos de la posibilidad de un sentido. El sinsentido es el mundo, encima eso: no tenemos nada que inaugurar. La máquina está rota.

Me gustaría reproducir, cada vez que escribo algo, no la calidad, la profundidad, los conceptos, sino algo de la sensación que tuve leyendo o mirando esa película.

Ahora estoy escribiendo. Ahora, digo ahora, en este momento. En que nada tiene sentido. Por la hora, por la frase, por el trago anterior, por el próximo. O porque es así, el sentido es eso que cuando se va todo desaparece, y extrañamente me siento más fuerte.

No voy a volver mucho sobre mis palabras, pero fijate: tengo que escribir esta editorial. ¿Por qué? No se, porque sí, porque estoy haciendo esta revista y quiero que salga y que tenga una editorial. ¿Y por qué? No se. Quiero que salga pronto, porque ya estamos atrasados. ¿Y? Y aquí estamos.

El otro día Edgardo se enojó. Rompí dos códigos. Señalé con la cámara hacia donde no se debe señalar, y encima ya había dicho delante de todos que en nuestra presencia se desdibujaba, por momentos, el sentido. Le gusta enojarse con esas cosas, que le gusta que lo incluyan. Me escudo en el personaje.

No tengo ninguna justificación para avanzar ninguna línea más. Quiero decir: se supone que lo que estés leyendo implique un puerto. No. No estoy trabajando. Estoy obligándome a algo. Que no tiene ningún sentido. Y (perdón por la obviedad) por eso lo hago.

Seré, nuevamente, obvio: me importa que esto que hago contagie de algo. Que dé alguna fuerza para eso tan difícil, el hacer porque sí. Creo en eso, y en que unas líneas empujen algunas voluntades.

¿Eso es sentido?

Cierro con un viejo texto. Sobre él, Alejandro Soler hizo un corto. Si alguien quiere verlo, clickeando aquí se lo baja. Lo saqué de una página web de cortometrajes: www.neurofilms.com.

Tampoco nos abrazaba ninguna certeza, ningún sentido, a mí al escribirlo, a él para hacerlo.

No tiene mucha relación. Pongo ambas cosas aquí porque quiero que las vean. No es poco.

 

QUÉ.

Que me quemen que me coman que me estallen las palabras
que carpiendo carrasperas caiga cristo de su estaca
que caliente y calcinado corra al campo y no haya agua
que ridículo y cuarteado cruce el mundo por los cardos

que me corten los costados del contorno los pecados
que una música crudísima me perfore el arrebato
que cabalgue en mis costillas un caballo envenenado
que comprado por el diablo corra arriba y llegue abajo
que escaldándome en petróleo un dolor multiplicado cargue encima corrompido el clamor de un coro cruel

que tropiecen sin parar tres peces piedra en mi traquea
que patine mientras trepo por paredes de yilét
que tétricas salamancas sean las fotos de mi karma
que no pueda estar despierto sin un canto-pesadilla
estallándome el cerebro y chorreando kerosén

que contraten a mi carne los viciosos de azotarme
que la tortura se estire y sea todo terror
que tartamudo de rabia mis amenazas sean misas
que podrido en un estanque me encuentre siempre la tarde
que cada crimen que pase se cargue sobre mi sangre
que cuatro cuervos me claven sus picos en la columna
que trepanado por dentro y mutilado también tenga que correr llevando astillas que me perforen por la arena medio día de un desierto envenenado que me grita que me muera con la voz de una mujer

que me maten si lo hago.