---------------------El bombardeo viscoso capturado por la dificultad.-- Por Javier Diment.

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Hay ciertas cosas que se presentan inseparables. No en sí, sino en el andar que cada uno transcurre. Algunas maneras del movimiento impiden separar título universitario, familia, sueldo, responsabilidad, respeto. Otras: dinero, explotación, soberbia, traiciones. Se conocen casos en que se hacen indistinguibles fama, fortuna, miserabilización, imbecilismo.

A nosotros, entre otras taras, se nos hace imposible separar cine, guión, literatura, conversación, imagen, palabra. Entusiástamente nos revolcamos en esa sopa, en ese plasma que ni logramos ni intentamos evitar.

A medida que se arma, traemos a esta publicación esa esponjosidad. Nos aglutinamos naturalmente alrededor del guión como punto de encuentro del cine con la literatura. Pedimos a las películas que nos disparen lecturas, a los libros que nos sumerjan en cines, que a su vez se harán palabra en conversaciones, peleas, borracheras.

Y la parte que más nos divierte no pasa por la ciega admiración, mitologización, o cualquiera de esas babosidades de las que tampoco estamos excentos, sino por biseccionar ciertas operatorias, maneras de manejar determinados materiales. La palabra, la imagen, sus combinaciones. Cómo en los libros y las películas se ponen a jugar los procedimientos, por qué determinado encuentro de tomas o párrafos logra provocarnos semejante efecto, emotivo, intelectual, físico. Ir tras los engranajes que hicieron estallar esa carcajada, recorrer las glándulas que segregan en el espectador jugos desconocidos, ácidos, deliciosos.

Todo eso en la Argentina de hoy. En este bombardeo viscoso capturado por la dificultad. Tanto nos entusiasma generarnos otro medio de abrir el entusiasmo, que hasta llegamos a escudarnos en un funcionamiento de plena micropolítica, ir detras de todas las pulsiones, dejar los caminos regados de todo aquello que somos capaces de chorrear. Sin dejar de observar el derredor, no permitirle que se convierta en tono único. Y sumándonos al coro de unas vaquitas amigas, gritar tranquilos, en este espacio y en todos los demás: hasta la victoria siempre, putos.