---------------------¡¡¡Mía!!! ---- Por Javier Diment.

Archivo:
Guiones
Entrevistas
Cine y literatura.
Columnas
Colaboraciones
Reseñas

Suplementos:
Extrabrut
Dr. Acula

Talleres de guión
Links
Prontuarios

Mientras el Conde Told juega al poker, su esposa conversa con el Doctor Mabuse.
Condesa Told: Amor...
Dr. Mabuse: No existe el amor. Solo hay deseo y la voluntad de poseer aquello que se desea.
Condesa Told: Told tiene mucha suerte hoy.
Dr. Mabuse: Debo darle una prueba del poder de la voluntad.
(Por medio de la hipnosis lleva al conde a hacer trampa en el juego de manera obvia. Lo descubren, lo abandonan llenos de desprecio, ella se desmaya, Mabuse la lleva en brazos al auto que ya estaba preparado, y la entra luego a una habitación. La deposita en la cama. Abre los brazos).
Dr. Mabuse: ¡¡¡Mía!!!

Final de la primera parte de la película "Doctor Mabuse (El Jugador)" (1922).

(Bajar en Word)

 

El guionista (el músico, el narrador, el director...) nos interesa en tanto manipulador. En tanto capaz de, a través de los recursos que estén a su alcance, doblegar la voluntad del espectador, devorar su cerebro, pasearlo, hipnotizarlo, manejarlo. Consciente, cínico, maligno. Un psicópata que conoce el paño.

El final feliz para este guionista (o arreglador, o ensayista...) no pasa por la vida o la muerte de los personajes: es el agradecimiento involuntario del espectador. Ese agradecimiento implícito de pensar solo en la historia que acaba de serle sucia y bestialmente inoculada. Y el autor ve esa alma rendida en su lecho, abre los brazos y dice: ¡Mía!

No nos metemos con la sensibilidad, con el talento, con la biografía. No estamos hablando de Artistas. Si hablamos de brujos o hechiceros, (poetas, novelistas, escenógrafos...) es para espiar las fórmulas que manejan al convocar esos espíritus, y dejamos para nuestra intimidad más obvia el regodeo morboesteril de la admiración pura y llana.

¡Oh! ¡Cómo disfrutamos al desentrañar aquellas trampas en las que caímos! ¡Cómo disfrutamos desenmascarar la trampa mal planteada que pifió al mover la ficha que nos sacó del juego en el que estábamos dispuestos a enterrarnos!

Sí, gustamos de la mentira bien trazada. De aquella que se nos vende como mentira, y gracias al degenerado manipulador que la desenrolla a nuestros pies, (dramaturgo, actor, ya que estamos guionista...) la convertimos en El Mundo.

Más en estos tiempos, en que tanto imbécil obsesionado por la compulsión del convencer al prójimo (tanta palabra baja para rellenar este paréntesis, que mejor la rellenare quien leyere...) intenta subyugarnos con mentiras mal talladas bajo el rótulo de "tengo la Verdad, sucede así, así yo haría que suceda".

Todo nuestro veneno resentido para estos. Para aquellos, ni las Gracias nos alcanzan.