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Mientras
el Conde Told juega al poker, su esposa conversa con el Doctor Mabuse.
Condesa Told: Amor...
Dr. Mabuse: No existe el amor. Solo hay deseo y la voluntad de poseer
aquello que se desea.
Condesa Told: Told tiene mucha suerte hoy.
Dr. Mabuse: Debo darle una prueba del poder de la voluntad.
(Por medio de la hipnosis lleva al conde a hacer trampa en el juego de
manera obvia. Lo descubren, lo abandonan llenos de desprecio, ella se
desmaya, Mabuse la lleva en brazos al auto que ya estaba preparado, y
la entra luego a una habitación. La deposita en la cama. Abre los
brazos).
Dr. Mabuse: ¡¡¡Mía!!!
Final de la primera
parte de la película "Doctor Mabuse (El Jugador)" (1922).
(Bajar
en Word)
El
guionista (el músico, el narrador, el director...) nos interesa
en tanto manipulador. En tanto capaz de, a través de los recursos
que estén a su alcance, doblegar la voluntad del espectador, devorar
su cerebro, pasearlo, hipnotizarlo, manejarlo. Consciente, cínico,
maligno. Un psicópata que conoce el paño.
El
final feliz para este guionista (o arreglador, o ensayista...) no pasa
por la vida o la muerte de los personajes: es el agradecimiento involuntario
del espectador. Ese agradecimiento implícito de pensar solo en
la historia que acaba de serle sucia y bestialmente inoculada. Y el autor
ve esa alma rendida en su lecho, abre los brazos y dice: ¡Mía!
No
nos metemos con la sensibilidad, con el talento, con la biografía.
No estamos hablando de Artistas. Si hablamos de brujos o hechiceros, (poetas,
novelistas, escenógrafos...) es para espiar las fórmulas
que manejan al convocar esos espíritus, y dejamos para nuestra
intimidad más obvia el regodeo morboesteril de la admiración
pura y llana.
¡Oh!
¡Cómo disfrutamos al desentrañar aquellas trampas en las
que caímos! ¡Cómo disfrutamos desenmascarar la trampa mal
planteada que pifió al mover la ficha que nos sacó del juego
en el que estábamos dispuestos a enterrarnos!
Sí,
gustamos de la mentira bien trazada. De aquella que se nos vende como
mentira, y gracias al degenerado manipulador que la desenrolla a nuestros
pies, (dramaturgo, actor, ya que estamos guionista...) la convertimos
en El Mundo.
Más
en estos tiempos, en que tanto imbécil obsesionado por la compulsión
del convencer al prójimo (tanta palabra baja para rellenar este
paréntesis, que mejor la rellenare quien leyere...) intenta subyugarnos
con mentiras mal talladas bajo el rótulo de "tengo la Verdad,
sucede así, así yo haría que suceda".
Todo
nuestro veneno resentido para estos. Para aquellos, ni las Gracias nos
alcanzan.
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