|
|
|
|
Eso,
ecos, reflejos, resonancias… Nada de análisis profundos,
ni relecturas del género, que para eso hay gente que estudia, y
también está Borges, al que citamos porque cómo no
citarlo.
A mí por ejemplo, la literatura gauchesca me titila como género
cinematográfico. Entro allí como a películas. Más
incluso que al evidente western, a las viejas películas de Kung
Fu, en cuyas coreografías los movimientos son violentos, veloces
y segmentados: un, dos, tres, cuatro, cinco golpes hiper precisos (incluyendo
esquivadas, patadas y vuelos), y al instante están de nuevo los
luchadores en el piso, clavados, en suspenso, unos segundos, hasta que
tac, trac, tum, pac. Y así sucesivamente. Cuando termino de vibrar
estas películas, me empiezo a mover así. Mi cuerpo y mi
pensamiento toman ese ritmo, esa dinámica. Lo mismo me sucede con
la poesía gaucha. Leo unas cuantas páginas de esa métrica,
esa rima, ese manejo trastocador de las palabras, y luego paso a vivir
así, secuestrado por esa forma, durante un buen rato. Y pienso
así, y hablo y me muevo así.
Y otra semejanza: Los héroes del kung fú son creíbles
por haber sido criados en ese rigor, ritmo, paisaje. Los héroes
gauchos también. Quien no sea criado así, no es creíble
en su género. Son años y años, es una construcción
que lleva toda la vida, que involucra el sufrimiento y lo que con él
se puede hacer en términos de fortaleza y recursos; es el aprendizaje
difícil, el honor y la lealtad, todo traducido a una serie de hazañas
imposibles, de habilidades supremas, y de relación íntima
con la naturaleza y sus procesos. Personajes que encarnan resistencia,
en el sentido físico, espiritual, temporal y quizás político.
Y ni hablemos de las chinas y las trenzas.
Por otro lado, como en todo género que se precie, si se respetan
ciertas intuiciones, ahí adentro puede caber cualquier historia,
cualquier persona. La desordenada selección que aquí estamos
presentando da cuenta de esto. De payadas trasnochadas a la ingenuidad
de Elpidio Pereyra; el valiente y retobado Zelarayán, los reflejos
del Bode y la presencia de Romildo Risso que nos acerca Claudio Frydman…
Eso, lo que venía diciendo: ecos gauchescos.
Mapa:
“Contra
los gauchos (teoría de Zelarayán)", por Fernando Molle,
seguido de "Roña Criolla", de Ricardo Zelarayán.
Poemas
de Elpidio Pereyra.
"Introducción
a Romildo Risso", por Claudio Frydman, seguido por poemas del propio
Romildo.
Dos
payadas tras trasnoche, por Javier Diment.
En
cueros. Por Bode.
|
|