![]() |
|||||||||
| ---------------------La sombra amarilla. --- Por Christian Busquier. | |||||||||
|
|||||||||
La
Sombra Amarilla ó Las desventuras de un Chino fuera de China. Sax
Rohmer se viste de mandarín y le da vida al más villano
de todos los villanos: El enigmático Dr. FU MANCHU.
Oculto en los barrios bajos londinenses, entre fumaderos clandestinos de opio, en las riberas del Támesis y amparado por la niebla, el siniestro Doctor, teje y articula las intrigas para derrocar el "orden occidental" que rige al mundo. Penetrando en el corazón mismo del gigante de ultramar busca llevar al poder a la antiquísima China, sometiendo a las principales potencias y a la raza humana occidental toda. Ahora bien.
Gracias a Dios, a la Reina, y al orden natural de las cosas, existe un
hombre, solo uno, que será un estorbo, y en mas de una ocasión
solo eso, en esta carrera por el dominio del mundo, contra la destrucción
de la raza blanca. Ese hombre es un simple comisionado inglés en
Birmania, que ha llegado a Londres para desbaratar tan maléficos
planes. Nayland Smith es el hombre, mezcla de agente secreto e investigador
policial. Este funcionario gubernamental en las colonias inglesas en oriente,
es quién secretamente pelea una silenciosa guerra contra el perverso
Dr. Fu Manchú. Pero como era de esperarse, Smith no está
solo en esta cruzada, además de algún que otro agente del
afamado Scotland Yard, está el inefable Dr. Petrie, fiel compañero,
que le debe mucho al Watson de Conan Doyle, y que no por casualidad, es
el cronista y narrador, a través de su diario, del seguimiento
completo y minucioso de las asombrosas actividades criminales del siniestro
chino y de los esfuerzos para detenerlo.
"Imagínese
una persona alta, delgada y felina, de hombros altos, cejas shakesperiana
y cara de demonio, el cráneo afeitado y unos ojos alargados, magnéticos,
verdes como los de un gato. Dótele usted de toda la astucia cruel
de la raza oriental pero concentrada en una única inteligencia
gigantesca y se hará una idea de quién es el Doctor Fu Manchú".
Este hombre genial, agente de La Orden Sagrada de La Si-Fan, mezcla de nigromante y científico, cuyos poderes y conocimientos exceden todo lo conocido en esta parte del hemisferio, tuvo su presentación en sociedad en un relato publicado en 1912 por la editorial inglesa The Story Teller. The Zayat Kiss iniciará una saga divertida y violenta, morbosa, en la que este villano oriental hará gala de una astucia encantadora. Nueve relatos le seguirán, afirmando lo versátil del Doctor y la incompetencia, no deliberada, de sus oponentes, encontrando la forma de novela allá por 1913, junto a otros veintiún relatos mas, bajo el título: The Mystery of Doctor Fu Manchú, también editado como The Insidious Dr. Fu Manchú. Sin pretensiones artísticas ni literarias, las entregas seriadas de Fu Manchú, donde se combinaban: acción, aventuras e intrigas, entre asesinos de rostros graves y mujeres de belleza extraña y obscena, se convirtieron en un suceso. Material de lectura popular, en sus páginas se cultiva un estilo directo y sin artificios, a caballo entre la novela policial y de suspenso, aborda constantemente un costado fantástico y exótico al recurrir a elementos orientales, ya sean estos de tortura o seducción. Un buen ejemplo de esto es la ambigua esclava Karamaneh, que es el desvelo de Petrie y que en mas de una oportunidad le salva la vida; y no podemos olvidarnos de Fah Lo Suee, la hija de Fu Manchú, cuya belleza es tan mortal como sus métodos para conseguir candidato: desde la tortura a latigazo limpio al lavado de cerebro y otras artimañas solo justificadas por su belleza criminal (en todos los sentidos), heredada de su padre. Las mujeres, en los relatos de Rohmer, tienen todos los rasgos y actitudes de la mujer fatal que inmortalizaría la literatura negra y más tarde los filmes noir americanos de la década del treinta y cuarenta, ayudando a crear climas tan perversos como fascinantes, a la vez que ingenuos. De esta manera Karamaneh, logra vencer la droga que la esclaviza de Fu para salvar, en el último minuto, al desolado Petrie de las garras asesinas, disparando a boca de jarro contra el nigromante chino al final de El Doctor Diabólico (mientras que Smith se retuerce presa de una trampa en la que cayó estúpidamente y en la que está a punto de perder la vida). Esta ambigüedad
del personaje de Karamaneh está jugada en extremo a lo largo de
los relatos que se suceden en situaciones de extremo peligro (podríamos
arriesgar en decir, que si no fuera por ella, tanto Petrie como Smith
ya hubieran pasado a mejor vida hace rato); Así la esclava hace
gala de una entrega asombrosa hacia el hombre que ama (Petrie) y hacia
el hombre que es su dueño (Fu Manchú). En cambio nuestros
héroes hacen gala de una imbecilidad solo justificada por el hecho
de ser ingleses, es decir, civilizados, y eso es bastante poco: caen en
las trampas como boys scout de una parroquia de barrio (a Petrie en mas
de una oportunidad poco le falta para hacerse encima en los pantalones
y sufre de desmayos temporales, mientras Smith esgrime su peor cara y
anda a ciegas por el teatro de operaciones de su enemigo). Y no es para menos. Tan encantadora señorita, siete páginas después, rompiendo el hechizo que la mantenía esclava de Fu, salva las vidas de Smith y Petrie, y en apariencia, acaba de un tiro con su amo. Baste con decir, que Fu Manchú no perdió esa noche ni la vida, ni las mañas, y que la bella esclava terminó por casarse con el bueno de Petrie.
La pregunta que surge obligatoria es acerca del hombre de carne y hueso que escribía semana a semana estos relatos, dándoles vida a tan pintorescos personajes, llevándolos por senderos plagados de peligros y crímenes. Lo interesante en este punto, es que aquí se dispara un misterio, un misterio real que los biógrafos aún no han descifrado del todo. Sax Rohmer, pseudónimo de Arthur Sarsfield Wade o Ward, (tampoco se sabe con exactitud su nombre y apellidos reales), nace en 1883, en Birmingham Warwikshire, Inglaterra, y fallece el 1 de junio de 1959, cuatro meses después de publicar el que sería el último de sus relatos sobre Fu Manchú: Fu Manchú and The Frightened Redhead, publicado por This Week en febrero de ese mismo año. Tan excéntrico como los propios Fu o Smith, Rohmer fue periodista y cronista policial. Interesado en el Egipto antiguo y el medio oriente oculto, como muchos de sus contemporáneos, aquellos escritores americanos de las fantasy stories (publicadas en Argosy y en la posterior Weird Tales): el genial Abraham Merrit (Arde, Bruja, Arde), Rice Burroughs (Tarzán), Robert E. Howard (Conan el Bárbaro, Salomón Kane), o el mismísimo Lovecraft. Otra referencia obligada para estos escritores es la exquisita literatura de Henry Ridder Haggard de finales del siglo XIX (con obras como Ella, Las Minas del Rey Salomón, Ayesha o Nada el Lirio - La maldición de Chaka). Dentro de estos items, Rohmer supo, con astucia y una técnica limpia y sencilla, dotar a sus personajes de una excentricidad sutil y de escenarios tan coloridos como El Cairo, un trasatlántico por el Mediterráneo, una mansión embrujada en las afueras de Londres o la oscuridad de los callejones de Ispahán y Londres. Humberto Eco señala algo muy interesante en El superhombre de masas (1) al analizar las novelas de Ian Fleming y su exitosa creación: James Bond, apuntes aplicables a las novelas de Rohmer sobre Fu Manchú escritas 41 años antes (recodemos que la primera novela sobre James Bond, Casino Royale, fue publicada en 1953). Eco llama la atención sobre el uso de las digresiones: una dedicación puntillosa y detallista de situaciones o descripciones en apariencia inútil al lector con respecto a los acontecimientos principales; La mirada sobre estos detalles, es siempre reflexiva, apoyada en una técnica pulida y eficaz, mientras que los momentos que demandan acción frente a una situación de peligro, se resuelven de manera vertiginosa y breve (léase: pocas palabras). Si Eco subraya este gusto de Fleming por el detalle (ligado a un gusto barroco), y comprobamos que en Rohmer funciona de igual manera, no es por una arbitrariedad, sino, muy por el contrario: hay un juego establecido entre las situaciones que pertenecen a una esfera de cosas posibles (en Fleming por ejemplo, los beneficios de una dieta naturalista explicado por Bond a su empleada en Operación Trueno, mientras en Rohmer puede ser desde las reflexiones a causa del miedo experimentado por Petrie hasta el uso de ciertos fármacos para una extraña poción), descripciones todas, que se llevan una buena parte de la narración. En oposición está la esfera de lo inverosímil, con todo aquello relacionado con el desenlace de la acción misma, efecto que funciona como un guiño de ojo al lector y que por ende no necesita de demasiadas páginas. Esta minuciosa
determinación con la que, durante varias páginas, se lleva
a cabo una descripción de objetos, paisajes, gestos y acciones
(todas aquellas cosas posibles), se enfrentan siempre a una la solución
casi telegráfica con la que se liquida las acciones finales (inopinadas
e improbables), y que resuelven los atolladeros escabrosos en los que
caen respectivamente Bond, Petrie y Smith. Cuando la trama va a llegar
al nudo esencial, la técnica de la mirada es abandonada y resuelta
en dos escuetas líneas. Esos momentos de reflexión descriptiva
son apoyados por una técnica minuciosa, mientras que los momentos
de acción responden al orden del azar y la incomodidad. Hay una
diversión (perversión) evidente en Fleming y en Rohmer,
en la descripción puntillosa de los elementos, por ejemplo, de
tortura. En Rohmer funciona como cuando el autor se ensalza en la descripción
bondadosa de la belleza femenina o de las reflexiones puritanas de Petrie
antes de entrar a la acción; Pero los momentos decisivos de la
acción, se resuelven de manera escueta y como explicación
posterior, a modo de raccord o flashback donde alguno de los personajes,
ya fuera de peligro (y bebiendo un té con budín) explica
ese desenlace tan esperado. En El Doctor diabólico, Petrie se desmaya
al oír el tiro que en apariencia elimina a Fu Manchú, luego
que él mismo, negándose a ver, dejó caer el acero
de la espada (ejecutando incorrectamente el ritual del seppuku) quitando
parte de la cabellera de Smith; El disparo, nos enteramos mas tarde, lo
hace Karamaneh y Petrie despierta ya cuando la situación ha sido
superada y está fuera de la guarida del chino. En La Máscara
de Fu Manchú Greville observa escondido tras una pared como un
dacoit simiesco roba un baúl (que contiene la máscara y
la espada que anhela Fu), de una habitación, pero, momentos antes,
Rohmer ha dedicado un capítulo casi entero a las maquinaciones
que sufre Greville, entre el miedo y la expectativa, mientras aguarda
la entrada del enemigo. Finalmente, Greville, sólo escucha como
se resuelve la huída del dacoit cuando los disparos de Smith ponen
fin a la cacería de los sirvientes de Fu Manchú. La acción
se resuelve en breves líneas y la mayor de las veces fuera del
punto de vista narrativo (esto es, fuera de la mirada de Petrie o Greville). Los personajes de Rohmer constituyen arquetipos del bien y del mal. A los atributos típicos del Malo (Fu Manchú), siempre insólitos y de carácter excepcional, se contraponen la lealtad y la mesura anglosajona (Petrie/Smith/Greville); La elección de las incomodidades y la aceptación del sacrificio frente al lujo y la organización exacta del enemigo; El golpe de genio (léase: azar) opuesto a la sangre fría del Malo, el sentido del ideal opuesto al de la codicia (subyugar a la raza occidental es un plan lo suficientemente ambicioso). Y si bien el enemigo encarnizado de Fu es Smith, la mirada de Petrie es el punto de vista desde donde se construye y organiza la narración, solo cambiado de lugar en La Máscara de Fu Manchú, para recaer en otro inglés portador de esas virtudes civilizadas: Terry Greville. Algo interesante es que, aunque a pesar de estas virtudes, y de ellos mismos, Petrie y Greville resultan siempre víctimas del encanto de Karamaneh y Fah Lo Suee, la esclava y la fascinante hija del doctor chino, respectivamente. Ante estas mujeres fatales ninguno de los dos puede hacer nada (ni siquiera con toda su cultura y su espíritu cristiano y pulcro), porque en ellas es donde Rohmer hace carne los elementos más misteriosos y obscenos. Las novelas parecen estar construidas a partir de una serie de situaciones fijas, que permiten una interacción y permutación bastante limitada, donde: 1) a Smith y Petrie les llega un caso que en apariencia es extraño y sin relación alguna con las excéntricas actividades del chino; 2) Al investigar se descubre una madeja truculenta donde las maquinaciones del doctor exceden los planes primarios de nuestros dos héroes; 3) Puestos en situación, deliberan y atacan. Solo que Fu se les adelanta y resulta ser mas eficiente; 4) Se prepara un contraataque y una vez mas, es la eficiencia de Fu la que frustra a nuestros amigos; A esta altura el lector ya les tiene bastante lástima y sus ineptos intentos resultan hasta divertidos, entonces: 5) Caen en las garras de Fu, para finalmente escapar, salvar sus vidas por los pelos (muchas veces gracias a la ayuda de Karamaneh), logrando desarmar la conspiración pero sin grandes resultados contra la vida de Fu (que siempre escapa y promete volver por más). Digamos, que se trata de un empate. Eco compara las novelas de Fleming con un partido de fútbol, cuyo ambiente se conoce de antemano, lo mismo el número y personalidad de los jugadores, las reglas del juego, el lugar limitado donde ocurrirá la acción, exceptuando que en un partido de fútbol, no se puede aventurar un resultado final con extrema certeza, cosa que en las novelas de Fleming, y en las de Rohmer sucede lo mismo, eso es posible. Entonces lo interesante reside, justamente, en el "como" se llega a ese resultado ya conocido de antemano; Es en las vicisitudes por las que atraviesan los héroes, maltrechos y abandonados a su suerte (suerte lapidaria), que les depara y enfrenta a un sinfín de torturas, artilugios, estorbos, que forman un recorrido multicolor de horrores y vejaciones. Veamos: al final de El Doctor diabólico, Smith y Petrie son capturados; Smith semidesnudo y atado se encuentra dentro de la llamada "seis puertas de la jubilosa sabiduría" (un compartimiento en el que su cuerpo es introducido y seis puertas separan seis partes de su cuerpo que serán sometidas a una concienzuda tortura). Entre el humo de los inciensos, Fu Manchú explica a Petrie lo que le va a suceder a su amigo. A continuación un sirviente birmano del doctor trae unas simpáticas criaturillas para que intimen con Smith: se trata de ratas cantonesas (¡las mas voraces del mundo!), no era para menos, y además, agrega emocionado Fu: ¡llevan una semana sin probar bocado!. Bien, las ratas, son depositadas en el primer estanco sellado (donde residen los pies y tobillos desnudos del comisionado Smith). Los chillidos de los animales son ensordecedores. A Petrie, por su parte, Fu le da la opción de que tome una espada samurai, que tiene cerca suyo, y ejecute el ritual japonés "del buen amigo", es decir, ejecute la antigua y honorable tradición del seppuku o harakiri, y deje caer sobre el cuello de Smith la afilada hoja antes que se abra la sexta puerta (bien llamada la puerta celestial). A todo esto, mientras Petrie se decide y Fu Manchú, con siniestra gracia nos explica el procedimiento de tortura, las ratas voraces están atacando al pobre de Smith. Para no escupir la sopa de nadie, no explicaremos si nuestros camaradas occidentales logran finalmente escapar de tan inquieto suceso. Son los métodos, los utensilios de Fu Manchú los que introducen la variación exótica e interesante que deben enfrentar, con ojos siempre asombrados, Smith y Petrie. Métodos que incluyen: dacoits asesinos, desalmados thugs (aquellos seguidores de la Diosa Kali), escorpiones filosos, babuinos indescriptibles, víboras venenosas, drogas alucinógenas, drogas que convierten, por ejemplo a Greville, en una especie de zombi sin voluntad (la hija de Fu lo quiere para celebrar sus esponsales con el muchacho y él se resiste, así que primero lo hace azotar y luego lo somete a una sesión de aromaterapia entre filosos cuchillos y almohadones de seda). Pocas veces se ha visto y tenido en cuenta la tremenda utilidad de animales tan pequeños y juguetones, como un tití, para hacer tanto daño. Allí reside la deuda con la pluma de Rohmer. Fu Manchú no es un villano cualquiera, sus artes refinadas exceden cualquier límite, y Petrie y Smith están allí para dar cuenta de esto.
Nace una estrella... "Existen
animales y drogas, de ordinario inocuos, que pueden emplearse de forma
perjudicial para la vida humana, y Fu Manchú era único para
romper el equilibrio y transformar fuerzas benéficas en instrumentos
extraños y peligrosos
los Borgia a su lado eran unos aprendices." Para la creación del cruel doctor oriental, Rohmer, se inspiró en Mr. King, un misterioso cabecilla del Barrio Chino de Londres, relacionado con actividades delectivas, al que él había investigado en su juventud durante su época de periodista. Se nos explica que Fu Manchú de niño había sido el elegido para que en el se encarnara un espíritu antiguo y maligno, cuya sabiduría y poder eran inigualables, poderes que le servirían para derrocar a occidente y llevar a la cima a la nación China. Doctor en filosofía, medicina y artes diversas, entre las que se pueden contar: torturas, pociones, brebajes, adiestramiento animal, diversificación del uso del opio y otras drogas, conocimientos siempre útiles puestos al servicio de sus planes. Algunos años
mas tarde, el cine, se va a encargar de agregar al personaje unos delgados
y largos bigotes dándole un aspecto más nefasto y particular.
Una sombra amarilla se desliza por una inmaculada página... las novelas. Dumas, por tomar un ejemplo, fue un genial escritor de folletines, y aún hoy su lectura nos sigue regocijando, porque Dumas, como Fleval, como Rohmer o Fleming, conocían algo del alma humana, relacionado con sus pequeñeces, sus debilidades y sobre todo sus fantasías, y por sobre todo sabían crear personajes, de capa y espada, vengadores enfurecidos, gentiles caballeros, villanos fuera de serie (el doctor Fu Manchú nada pierde en comparación al Richelieu de Dumas o al Blofeld de Fleming) que dispersaban encanto y maldad, página tras página, en la novelas populares, ediciones en rústica, seriadas. Este semillero de héroes y villanos singulares, a su manera describieron las fantasías y temores de su época. En este punto es donde reside el mayor mérito de Rohmer al haber creado un personaje que resumía todas las calamidades que temía enfrentar la sociedad occidental allá por 1910: el temor al comunismo, al oriente que se rebelaba a ser conquistado, y sin querer -allí reside lo delicioso- describía la hipocresía de los códigos de ética y justificaba las avanzadas imperialistas de punta en blanco. En definitiva una suma de ingeniosa perversidad, adecuadamente moderada, y la expiación, siempre a través de un tercero (Fu Manchú y sus secuaces), de los pecadillos ocultos del alma humana, que capítulo tras capítulo deshojan el fruto de lo prohibido, así como otorga a la mujer oriental una fatalidad enigmática contra la que no puede competir ni por asombro la figura de la mujer occidental, aunque, de vez en cuando se le permita quedarse con el trofeo masculino (Rima versus Fah Lo Suee por la posesión de Greville en La Máscara de Fu Manchú). Esta combinación logra relatos entretenidos y eficaces, donde muy a pesar suyo, Rohmer dota a los Malos con todas las características más interesantes y prometedoras. La obra literaria de Rohmer es extensa y variada: encontrando desde canciones hasta poemas, relatos cortos y novelas. Aunque, hasta nuestros días, la obra relacionada al siniestro doctor Fu Manchú es la mas destacada, el resto, sueña el sueño de los moradores del país de los comedores de loto que visita Ulises en la Odisea, eso es, el sueño del eterno del olvido. Los relatos del ambicioso doctor chino fueron editados en forma individual y luego compilados en novelas. Así The Zayat Kiss de 1912 es el primer relato, que será el capítulo tercero de la novela editada en 1913: The Mysterious Dr. Fu Manchú (El Misterio de Fu Manchú). Rohmer solía
rescribir sus relatos, corregirlos y volverlos a editar. La obra de Fu
Manchú se encuentra dispersa por su naturaleza de seriales y por
sus rediciones. Un acercamiento posible a las novelas es el siguiente:
En Argentina la editorial Tor se encargó de publicar varias novelas de Rohmer; Algunas de ellas están disponibles en Buenos Aires y en un estado bastante calamitoso (que hace honor a tanto ajetreo novelesco), en la Biblioteca Nacional. Entre los títulos publicados por esta editorial porteña figuran: Los Misterios de la Si-Fan (1930); El Doctor Diabólico (1956); La Máscara de Fu Manchú (1956); El Escorpión de Oro (1956). Recientemente una editorial española lanzó, en una cuidada edición compilatoria, El Libro de Fu Manchú, donde tres novelas fundamentales de la saga (que orgánicamente comienzan y terminan con un ordenamiento serial), ofrecen un material lo suficientemente completo y ordenado de las actividades del siniestro doctor.
Su nombre es Smith... Nayland Smith. "
Smith como si fuera de piedra, ni se inmutó. En ocasiones, era
capaz de dominar su temperamento nervioso hasta tal punto que se volvía
inmune a los terrores humanos. En una explosión de pánico
general, podía permanecer frío como el hielo. Sin embargo
una vez cumplido su objetivo, le he visto derrumbarse de tal modo que
parecía aquejado de una fuerte depresión nerviosa."
El origen del hombre que lleva adelante la acción nos está velado, e incluso es un enigma para el bueno de Petrie, con el que traba una profunda amistad. Hablamos antes del personaje de Doyle, que presenta una adición a la morfina, pues bien nuestro héroe es adicto al tabaco. Fuma y fuma de su pipa, no toca el violín ni anda entre las probetas de laboratorio pero no deja tranquilo el lóbulo de su oreja en momentos de angustiosa reflexión. Es un hombre excitable y taciturno que antes de un café por la mañana, lleva ya encendida su pipa, que dicho sea de paso, está tan gastada como los nervios de Petrie, doctor en medicina, y prominente ciudadano de una Londres que le pertenece de día, ya que las noches... bueno, las noches y sus sombras son del doctor y sus secuaces, un grupo variopinto de inmigrantes ilegales que solo trabajan para hacer el mal. Si Petrie encarna al típico inglés de edad media, culto, presuntuoso y abnegado, es en la figura de Smith, Sir Denis Nayland Smith, en quién Rohmer construye la figura de héroe enigmático y marginado, todopoderoso y caballeresco, desconfiado y peligroso. Marginado por sus propias operaciones, no es este un hombre que ande por eventos sociales ni de gala, vive en la oscuridad que le acecha en cada misión. Enigmático porque jamás devela su pasado o su futuro incierto, y aún así vive envuelto en extrañas pasiones que lo arrastran una y otra vez a estados emocionales tan diversos como extremos, y en algunas oportunidades volviéndolo tan peligroso como el propio Fu Manchú, aunque él mismo no lo sepa, ya que sus "códigos éticos" a veces le impiden avanzar sobre su enemigo de manera mas efectiva. Este comisionado en Birmania, delgado y de rostro bronceado y cetrino, de pocas palabras, tiene carta blanca para operar en todo el mundo en nombre del reino y la seguridad de la humanidad. ¡Dios salve a la Reina!
"
Slattin sabía que aquel adusto y sagaz comisionado en Birmania
era la máxima autoridad en el caso del poderoso chino
" Es una verdadera lástima que el cine no haya explotado de mejor manera a este personaje antagónico por excelencia, reduciéndolo a un mero héroe de cartón. Si Petrie porta los valores y la mirada absorta frente a lo desconocido, es Smith quién se viste de negro y se convierte en un francotirador en La Máscara de Fu Manchú; El mismo Smith sin medir las consecuencias, en El Doctor diabólico, sigue su instinto de venganza para caer en la trampa (las seis puertas de la jubilosa sabiduría) del doctor del otro lado de la cortina, no de acero, sino de humo y bambú.
El doctor más famoso... Fu Manchú, artista de variedades. La fama del personaje de Fu Manchú le trajo a Rohmer algunos inconvenientes menores. El Gobierno Chino elevó a Rohmer un pedido para que el autor matara al Doctor, por el bien de la imagen internacional de China. La imagen del ya famoso doctor, se había convertido en el imaginario popular y quedaba claro como referencia obligada hacia aquel país. Afortunadamente, para nosotros, no para los chinos claro, Rohmer no pudo resistirse a resucitar a Fu una y otra vez. Lo cierto es que de las páginas de las ediciones populares al cine había un solo paso, y el paso se dio a través de seriales y largometrajes. Siendo el primero, allá por 1921 bajo el título The Yellow Claw (USA), donde el director René Plaisetty abordaba al prototipo propuesto por Rohmer para su personaje, "Mr. King". Tomando forma propia, con nombre y apellido, en la siguiente producción, esta vez inglesa, un serial de 1923 de 15 episodios titulado The Mystery of Fu Manchú, dirigido por A. E. Coleby. La radio no se quedó atrás y en 1927, Arthur Hughes puso la voz para que las ondas radiofónicas hicieran eco de la maldad del Doctor Fu. Llegando finalmente a la televisión en 1949 con The Queens of Hearts and The Coughin Horror, donde la BBC no se cansó de hacer seriales sobre el doctor oriental. El cómic también tomó prestado al diabólico Doctor. Detective Comics en agosto de 1938 adaptaba varios relatos de Rohmer. Leo O´Malia ilustraría varios números dedicados al ya famoso "chinesse" Doctor. En los años 70´s, la casa Marvel haría una cruza cínica: por un lado Kung Fu, si, aquel oriental televisivo encarnado por David Carradine, y por otro lado los genes del Doctor Fu Manchú, obteniendo como resultado a Shang Chi, el hijo de Fu Manchú. La tira llevó el título de Master of Kung Fu, and Coincidentally the Son of Fu Manchú, y prometían a un diestro luchador de Kung fu, heredero de las artes del doctor, estrenándose a todo color en 1974 y contando un total de 37 entregas. Los guiones eran de Steve Englehart, con arte de Jim Starling. Otros títulos en formato de cómic book con Fu Manchú como protagonista fueron adaptaciones de los relatos seriales de Rohmer como The Mask of Fu Manchú (1951) publicado por Quality Cómic y The Island of Fu Manchú (1950) de Super-Detective Library.
El doctor más famoso visita Hollywood!... Fu Manchú en el Cine. A decir verdad, el cine, nunca se ocupó ni con esmero ni con cuidado de la figura de las peripecias de este oriental que simplemente quería destruir a la raza blanca, a excepción, siempre las hay, de un film de 1932. Otros personajes surgidos de novelas populares tuvieron mayor suerte desde sus inicios. Podemos volver al ejemplo de Fleming / James Bond, cuyos filmes guardan un notable cuidado con respecto al espíritu de las obras literarias, sobre todo los primeros Bond encarnados por Sean Connery. Otro buen ejemplo es el caso del ladrón / bon vivant y detective llamado Simón Templar (El Santo); Esta creación de Leslie Charteris (escritor nacido en Singapur en 1907) tuvo una muy buena adaptación en un serial televisivo interpretado por Roger Moore, como así también en sus versiones fílmicas (en su mayoría telefilmes europeos), incluyendo la versión mas reciente de Philip Noyce, con Val Kilmer. Las adaptaciones sobre Bond y Templar nunca decayeron en la estima del personaje. Aún remontándonos a monstruos y villanos clásicos, observamos que: el Frankenstein de Shelley y El Hombre Invisible de Wells tuvieron su James Whale, el Drácula de Stoker tuvo su Tod Browning, y ¡un Coppola!; El Hombre Lobo por su parte tuvo su Lon Channey Jr., un John Landis, un Neil Jordan, y hasta un Leonardo Favio; Y ni hablar de La Momia, cuyo cuarto de hora fue revisado en los últimos años con al menos dos filmes y una secuela bastante decentes y un dibujo animado para la cadena de TV infantil de la 20th Century Fox. Aunque también es cierto que Fu Manchú tuvo su Boris Karloff, su Christopher Lee y su Peter Sellers (que no son poca cosa, muy por el contrario), pero en su mayoría las producciones que los acreditaban fueron bastantes mediocres. El famoso doctor oriental ya había sido llevado a la pantalla en dos producciones británicas, The mistery of Fu Manchú de 1923 y The Further misteries of Fu Manchú de 1924, protagonizadas por el eficaz Harry Agar Lyons, que cedería el papel a Warner Oland cuando la Paramount produjo The misterious Dr. Fu Manchú (1929). Mas tarde llegarían La Expiación de Fu Manchú (1930) y La Hija del Dragón (1931), también protagonizadas por Oland, pero, el largometraje de la dupla Brabin / Vidor iba a ser el encargado de elevar al personaje a la categoría de clásico del cine de ciencia-ficción, y sobre este filme de 1932, nos ocuparemos a continuación, para echar una mirada sobre el personaje de Rohmer en el cine. La literatura popular de Rohmer reunía sin duda un material con todos los elementos para su adaptación cinematográfica. Un malvado criminal procedente del misterioso y amenazador oriente, y como bonus adicional al perfil de villano se sumaban sus extraordinarias, sofisticadas y crueles creaciones e innovaciones para torturar. Sumado a esto el hecho de poseer una hija y una secuaz tan sádica como el propio Fu Manchú. Un universo donde la seda se mezclaba con la sangre y el perfume de un oriente perdido y extraño era una gran tentación. Es así como pocos meses después de que Sax Rohmer editara la que ocupa el sexto lugar entre sus novelas dedicadas al perverso sabio, un equipo de guionistas formado por Irene Khun, John Willard y Allan Woolf, concluía el último borrador del guión de La Máscara de Fu Manchú. The Mask of Fu Manchú (La Máscara de Fu Manchú) de 1932 fue una producción de la MGM (Metro-Goldwyn-Mayer), que inicialmente iba a estar dirigido por Charles Brabin, y que fue reemplazado por Charles Vidor. El filme contaba en su reparto con Boris Karloff (Dr. Fu Manchú), Lewis Stone (Nayland Smith), Myrna Loy (Fah Lo Suee), Charles Starrett (Terry Greville), Karen Morley (Sheila / Rima en la novela). La cosa fue muy simple: Charles Vidor, que no figura en los créditos, filmó buena parte del filme. La gente de la MGM no muy conforme con lo que había filmado lo "alejó" del proyecto, porque al parecer a su visión del personaje le faltaba ese toque sádico-oriental-perverso que es lo menos que esperamos del amigo Fu y lo reemplazó por Brabin, quien tomó las riendas del proyecto ya en etapa de rodaje. Brabin venía de hacer seriales de corte románticos y era mas conocido por ser el esposo de la actriz Theda Bara. De todas formas, y pese el ambiente enrarecido por unas condiciones de producción cercanas al caos, la película está dotada de una cualidad infrecuente, evocadora del sabor de las novelas populares, manteniendo un clima desbordante de imaginación y una exacta perspectiva fabuladora a la altura del personaje. El mundo tiembla ante los planes del doctor en filosofía, alquimia y artes varias orientales que va tras la máscara de oro y la espada (del poder, obvio) del gran Genghis Khan, para así someter a la raza blanca. Por suerte (o desgracia), Nayland Smith de Scotland Yard ya está tras la pista del criminal. Hay una sensualidad, a cargo de Myrna Loy, que se vuelve sutil y provocativa, desde el vestuario hasta los movimientos y las intenciones, que suman a las sesiones de torturas, Sir Lionel Burton, por ejemplo, es sometido a la tortura de la campana, es decir, puesto boca arriba con una enorme campana encima que dos dacoits mueven incesantemente, día tras día, noche tras noche, todo esto luego de haberle ofrecido a su propia hija y a un harem, para que le entregue la máscara y la espada. Hay asesinatos en manos de los terribles dacoits y un diseño de arte imaginativo - el laboratorio de Fu, donde por medio de corrientes eléctricas revela la veracidad de la espada en cuestión, escaleras expresionistas que parecen conducir al infinito, salón de tortura y peinados donde se mezclan un quirófano con una sala de masajes, mientras en el suelo, en gavetas separadas, Fu guarda los distintos elementos para sus experimentaciones - serpientes, un lagarto, arañas, todo entre líquidos viscosos y humo-, cortinados que envuelven a Greville mientras Fah Lo Suee trata de conquistarlo, mazmorras donde convencen a punta de látigo. Y por supuesto el vestuario y el maquillaje que realza las actuaciones de Karloff y Myrna Loy. El trabajo sobre la luz (del director de fotografía Tony Gaudio) es excepcional, sobre todo dentro de la guarida de Fu, donde confluye el verdadero misterio. Hay algunas diferencias con la novela. La máscara y la espada, por ejemplo, en la novela pertenecen a un legendario gurú oriental llamado Al Mokanna, alias el profeta velado, la acción no comienza en Londres, y como hemos dicho, esta es una de las mejores novelas sobre el personaje de Fu, donde la ingenuidad general de los "buenos" está bastante amortiguada. El personaje de Smith, se muestra mucho mas efectivo que en las novelas anteriores, mientras que su clon cinematográfico (Lewis Stone) lo muestra avejentado y no de carne y hueso, sino de cartón y hueso. Sir Lionel es mucho más ambiguo en la novela que en el filme, así como sus intenciones antropológicas. Tanto Rima como Greenville han sido respetados en su construcción, solo que Rima es algo mas que la histérica Karen Morley que interpreta al alter ego de Rima, Sheila. El peso de la mirada, como en la novela, cae en el ingenuo Greville, que, siempre asombrado ve desfilar ante él la belleza fatal de Fah Lo Suee, para caer en la trampa mas estúpida y sufrir un lavado de cerebro. Este peso del punto de vista produce una interesante valoración al respecto de buenos y malos, ya que parece muy a propósito esto de mostrar a unos totalmente acartonados y a los otros en un nivel de sadismo perfecto. Civilización vs barbarie. El contrapunto
con la novela, es que un personaje como Smith, es un personaje ideal para
sondear en ese tipo de agente secreto al servicio de su Majestad mezcla
de mercenario, cruzado y aventurero sin demasiados escrúpulos que
resulta más convincente para enfrentar a Fu Manchú y todo
su poder. Es en este punto donde flaquea el filme, la falta de matices
en los "buenos" y la exquisita elaboración de los "malos"
en la carne de Karloff / Loy. Hay una escena donde Fu revela sus planes
a sus secuaces durante una cena fastuosa, y Fu hace referencia a una visión
que tuvo su "hija fea", a lo cual y acto seguido, aparece Fah
Lo Suee, muy enigmática, y da unos pasos de baile ante el atónito
grupo de rufianes que la devoran con la mirada, y Fu mantiene su mejor
flema oriental y podemos adivinar sus intenciones cuando con la misma
flema elige a la chica del bueno (Rima / Sheila) para ofrecerla en ritual
al gran Khan. A esta altura de las cosas, el final a manos de un cañón
de rayos que dispara electricidad disipa toda duda: a pesar de ser unos
ingenuos, la banda de Smith triunfa, el remate con un chiste, en relación
con el sonido de una campana no está a la altura del doctor. En
la novela, una carta dirigida a Greville y enviada por Fu a pocos días
de su boda con Rima, promete un final más feliz, ya que transmite
las intenciones de Fu Manchú de seguir en carrera, allí
dice: Un dato curioso es que muchas de las escenas que contenían fuertes reminiscencias eróticas y sadomasoquistas fueron censuradas y eliminadas en el montaje final del filme. Lástima. El resto de las adaptaciones fílmicas sobre el doctor Fu Manchú, pueden dar bien cuenta de la suerte echada sobre este siniestro personaje, ahora exiliado del dorado pandemónium de malvados. Justamente la serie de filmes dirigida por Jess Franco es un buen ejemplo de la decadencia sufrida por el personaje ya entrados los setentas. De las diversas versiones fílmicas posteriores a la de Karloff, se puede destacar la presencia de Christopher Lee y de Peter Sellers, dándole vida al temible oriental, y solo la presencia de estos dos grandes actores, sobreviven a los filmes mismos, tal vez, porque justamente, eran los únicos que no se tomaban el rol demasiado en serio y eso le da un color especial frente al resto que no produce clima ni de suspenso, ni de aventura, ni siquiera una atmósfera fantástica, solo de decadencia.
Fu Manchú y un pariente lejano. Fu Manchú tendría un pariente en el lejano planeta Mongo, mas exactamente en Ming, el emperador de dicho planeta. Por lo menos así parece haberlo imaginado Alex Raymond al momento de dar vida a los personajes de su popular cómic nacido en los años 30's Flash Gordon. Las semejanzas son varias y alcanzan su punto máximo en la criticada adaptación cinematográfica dirigida en 1980 por Mike Hodges, con producción de Dino de Laurentiis, donde Flash Gordon (Sam Jones) viaja a la fuerza al planeta Mongo y allí debe enfrentar al Emperador Ming, en la piel del magnífico Max Von Sidow (lejos lo mejor del film), e impedir que los mongolianos destruyan la tierra. Ming tiene también una hija tan morbosa y sádica como su padre, aunque bastante mas sensual, Aura (Ornella Mutti). No faltan tampoco ni torturas varias, ni mujeres perversas, ni uñas largas y afiladas que retocen por las delicadas piernas de la protagonista, en este caso espacial, Dale Arden (Melody Anderson). De calidad mediocre y sin muchas aspiraciones, el filme fue duramente castigado por la crítica, por los fans del cómic y hasta por el propio Raymond, pero lo que nos interesa, es que, tanto en los seriales de 1936, protagonizados por Larry Crabb (Gordon) y Charles Meddleton (Ming), como en el filme de 1980 de Hodges, el peligro amarillo, esta presente, viniendo desde oriente o desde el espacio exterior, de un planeta lejano (¿Mongo querrá decir China en una lengua desconocida?), y trató una vez mas de destruir y dominar a la sufrida raza humana.
Un adiós al estimado doctor Fu Manchú...¡Tres hurras para Fu! Como seguramente le gustaría a Rohmer, nos cabe un misterio a resolver. Extrañamente el personaje del doctor Fu Manchú no ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, olvidados y lejanos han quedado sus días de fama y reconocimiento mundial. Entre tanto malvado desmotivado, sería innovador tener a un luchador bien malo y tortuoso para variar, supongo que hoy es difícil encontrar buenos malos ya que con la globalización son todos socios, y no es cosa de herir susceptibilidades. Verhoeven tuvo que recurrir para un film bélico a insectos espaciales adaptando la novela de Robert Heinlein Starship Troopers (Tropas Espaciales) y darse el gusto de desparramar tiros, sangre y vísceras por doquier. No debemos
olvidar que Fu Manchú, mas allá de la ficción, personificaba
ideas políticas concretas, y la obra de Rohmer fue derivando de
a poco en un mensaje anticomunista. No es casualidad que a finales de
1800, principios del 1900, y como consecuencia de las acciones imperiales
de occidente (Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia, EEUU, Austria) y Japón
en China, surgiera un movimiento clandestino y revolucionario, el Yijetuan,
que le plantó resistencia durante varios años, en la llamada
Guerra de los Boxers, que no fue otra cosa que el levantamiento en zonas
rurales del pueblo contra el régimen títere y represor. No cabe duda, el Siniestro Doctor Fu Manchú debería regresar a escena, para devolverle al mundo una dosis de exótica maldad, una sexualidad perversa, sembrando discordia y devolviéndole a la raza humana la emoción de vivir aventuras desconocidas e inexplicables una vez más.
ANEXO.
FU MANCHÚ va al Cine. The Yellow
Claw (USA,1921) The Mystery
of Fu Manchú (Inglaterra,1923) The Further
Mysteries of Fu Manchú (Inglaterra,1924) The Mysterious
Dr. Fu Manchú (USA,1929) The Return
of Dr. Fu Manchú (USA,1930) Den Mystiske
Dr. Fu Manchú (1930) Daughter
of the Dragon (USA,1931) The Mask
of Fu Manchú (USA,1932) Drums of
Fu Manchú (1940) Drums of
Fu Manchú (1943) El Otro Fu
Manchú (España,1945) Los Ambores
de Fu-Aguarrás (España,1945) The Adventures
of Fu Manchú (1955) The Face
of Fu Manchú (Inglaterra,1965) Brides of
Fu Manchú (Inglaterra,1966) The Vengeance
of Fu Manchú (Inglaterra, 1967) The Blood
of Fu Manchú (Inglaterra, 1968) The Castle
of Fu Manchú (Inglaterra, 1968) The Fiendish
Plot of Fu Manchú (Inglaterra, 1980) Esclavas
del Crimen (España,1986) La Hija de
Fu-Manchú (España,1990) Las últimas
novedades es que el español Alex de la Iglesia (Perdita Durango;
El día de la bestia; Acción Mutante) abandonó definitivamente
el proyecto de filmar The Fiendish Trap of Fu Manchú, una co producción
España / Inglaterra (Andres Vicente Gomez / Lola Films S.A. y Vine
International Pictures Limited - Inglaterra). El proyecto, a filmarse
en Londres y Shangai, se cayó por desacuerdos en el presupuesto
con la productora Lola Films, quién en teoría estaría
buscando un nuevo director.
(1) El superhombre de masas. Humberto Eco. Colección Palabra en el tiempo Nº 237. editorial Lumen. Barcelona. 1995. |
|||||||||