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| --------------------- Por qué nos gusta tanto Casta de Malditos. --Por Javier Diment. | |||||||||
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Nota
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En Casta de Malditos (The Killing, en el original), Stanley Kubrick y Jim Thompson desarrollan una trama en que la única víctima mortal que se necesita para que un grupo de gente se llene de plata es un caballo. No está en la intención de esta sección analizar muy en profundidad Casta de Malditos, ni hacer una crítica, ni una reseña. Es más que nada esa compulción a comentar las partes de una película que durante tantos años a uno le quedan zumbando en el cerebro, como quien interna a un amigo y le va diciendo ¿te acordás de esa parte qué...? Para la época en que se planteó esta nota, estábamos trabajando Casta en los talleres de guión. Por lo tanto no puedo dejar de agradecer esas terribles, violentas y amorosas discuciones, que tanto la nutrieron. Como nota asociada, va una escaleta por secuencias de la película, fruto de la obsesión apasionada de Brenda Barroero. Muy buena a la hora de analizar las idas y vueltas en el tiempo, el laburo de estructura general, etcétera.
Esta es un película obsesiva. Organizada al nivel de la enfermedad. Puntillosa. Precisa. Un rompecabezas perfecto, que intenta bajo todos los medios eludir el azar. Y como es lógico, sucumbe irremediablemente ante él. Un castillo de naipes que se desmorona, y deja sin respuesta al más sólido de los arquitectos. El triunfo del azar que conlleva un triunfo de la imbecilidad. Una película tremenda, en que los guionistas nos levan a pasear por donde quieren, ejerciendo un poder que uno agradece. Johny Clay, delincuente menor que hace poco cumplió una condena de 5 años en la carcel, desarrolla un meticuloso plan para dar un gran golpe y retirarse a disfrutar de las ganancias con Faye, su prometida. Organiza el asalto a un hipódromo, el día de la gran carrera. Para esto, arma una banda, en que ninguno de los socios "es un criminal; todos tienen su vida, su familia, pero todos llevan el delito dentro suyo", como le cuenta a Faye. Un plan magistral. Que sale bien. Sí, después se va todo a la mierda, pero lo más terrible es que el plan es un éxito absoluto, 9 puntos, y no se lleva 10 por la muerte del francotirador.
A partir de esta premisa, el relato se construye de manera tan obsesiva como el plan que desarrolló Johny. Saltos en el tiempo hacia atrás y hacia adelante, cambios de punto de vista permanentes, la fecha y hora de cada uno de los movimientos de cada uno de los personajes, una cosa impecable, que es difícil de creer cómo el espectador puede seguir la historia con tanta claridad. Como si la intención fuese trasladar al tiempo lineal de una película el Aleph de Borges, mostrando con un prisma desfasado las actividades de cada personaje en cada momento. Y bajo ese entramado que encandila, una oscuridad digna de tal pareja de narradores, señalando la imposibilidad de manejar las variables que componen una vida en el entorno de las sociedades humanas.
Estructura: Hay una clarísima primera parte, que consiste en la presentación de los personajes principales, y termina en la primera reunión entre ellos. Son los primeros 17 minutos de película. En seis secuencias presentan a los 5 socios, y en los primeros segundos de la séptima avisan que contarán con la presencia de dos más, pero como empleados, no como socios, y que estos dos serán los únicos profesionales. De lo que se ocupa esta primera parte es de presentar las motivaciones de cada una de estas personas honestas para cometer un delito. Pero esta primera parte no es, en términos técnicos, un primer acto: el primer acto en esta película está en off. Planteémoslo así: Primer acto: Johny Clay sale de la carcel. Durante los años que estuvo adentro pensó mucho, y llegó a la conclución de que no valía la pena arriesgarse por poco dinero. Así que se arma un plan para asaltar el hipódromo, y luego irse del país a disfrutar de sus ganancias. Contacta un grupo de gente, no profesional, para llevar adelante el plan, y una vez que todos aceptaron, arma la primera reunión para darles las indicaciones. Aquí empezaría el segundo acto, y aquí empieza la película. El punto de giro sería el momento en que hasta el último de los socios dijo: sí, acepto colaborar para el asalto. Y las reuniones, y la asignación de los roles, etcétera, forman parte del segundo. ¿Qué aportaría esta desición de arrancar con el comienzo del segundo acto? En primer lugar, pensaría en qué es lo que se pierde por el hecho de evitar el primero. Y básicamente es la presentación de los personajes y motivaciones individuales. Cosas que igual están contadas, y a la perfección. En segundo término: el relato del proceso a través del cual Johny Clay decide dar un gran golpe, lo piensa, establece el objetivo y decide armar su banda con un grupo de aficionados. Pero esto: ¿es realmente imprescindible? En principio obligaría a la historia a empezar de manera lineal, acumulativa, en lugar del coral extremo con el que comienza. Se perdería el hecho escencial de comenzar como un rompecabezas. (Cito la frase del locutor en off
en la primera secuencia mientras se ve a Marvin Hunger entregando en una
ventanilla el ticket con la dirección y la hora de la cita a George
Peatty: "Sintió que su influencia sobre el resultado final de la
operación era como la de cada pieza de un rompecabezas sobre el
diseño total. Solo la agregación de las piezas faltantes
probarían si el futuro sería como él lo suponía".
Esta frase, que define la dinámica estructural de esta película,
también parece hablar del cine, y los fotogramas y las tomas como
piezas de un rompecabezas.) En segundo lugar, y este es uno de los valores de la película, Kubrick y Thompson están un poco hinchados las pelotas de policiales clásicos en que se reitera el comienzo, de policiales que se toman un montón de tiempo para contar una situación que ya fue contada muchas veces. El eje de esta historia no es el pobre Johny que no puede dejar de ser un delincuente, ni cómo una persona inteligente y sensible es capaz de llegar al crímen. Eso se sabe, es así. Vamos a los bifes, parecen decir, y metámonos en la construcción del rompecabezas, yendo y volviendo permanentemente en el tiempo y el espacio, con precisión infalible, y una vez ahí, hagamos que vuele todo a la mierda. La mariposa que provoca el terremoto del hemisferio más lejano. El tráfico y el perrito. Entonces, la aventura de esta película, no pasa tanto por la planificación milimétrica del plan perfecto, sino por la ejecución milimétrica de la trampa que se tiende al espectador, que volará por los aires de las maneras más azarosas, y contadas entre la precisión y lo arbitrario. Dos ejemplos gráficos en el desenlace: Después de ese terrible rompecabezas, con datos siempre precisos sobre día y hora en que sucede cada cosa, ver la escena de la matanza final es increible. Es ridícula, no cuentan ningún tiro, no justifican nada: tenían que matarse todos entre todos: ahí lo tenés, no preguntes boludeces que tengo que seguir contandote lo que importa. Y en el polo opuesto, el perrito, ese perrito... contado con lujo de detalles, viendo cada paso como inevitable, creando una tensión tirantísima hasta el final demoledor. Qué perrito hijo de puta. En estas dos situaciones se ve clara una apuesta de relato: la de tiros y sangre te la cuento rápido y casi en off. La del perrito de mierda de la gorda cheta te la estiro alevosamente. La tensión está ahí, no en la masacre. Aunque en realidad, nunca alejarse del rompecabezas, la del perrito existe porque existió la masacre, porque si no se hubiese retrasado Johny por el tráfico, si no se hubiesen matado entonces ellos, si no hubiese visto salir a Georgie tambaleando, malherido, no hubiera necesitado esa gran valija, y hubiese podido, como era su plan, llevar el dinero con él, como equipaje de mano. Qué va'cer.
Lo que se cuenta y lo que no. En función de lo que anoté antes, me queda la sensación de que los guionistas saben de qué quieren hablar, y se hacen cargo. Eluden fácilmente aquellos detalles innecesarios, y todo lo que está tiene presencia e importancia. (Se que esto es casi una obviedad en toda buena película, pero en esta en particular se hace tan claro que no puedo menos que destacarlo). Detalles de cuestiones que no se cuentan, y quedan sugeridas, ahí, rebotando: No se mete a contar de donde se conocen los integrantes de la banda. Ni tampoco de donde conoce a los profesionales contratados, aunque es evidente que con Maurice ha pateado bastante. Cuando Johny va a alquilar una habitación, habla con el dueño de ese lugar sobre un amigo en común, con quien estuvo preso. Se sugiere una historia del preso, que no se desarrolla. Y la más fuerte tiene que ver con Faye, la novia de Johny: esa charla en que ella le pide que no vuelva a dejarla, deja picando una sensación: Que ella, novia de él antes de que lo metan preso, durante los cinco años de encierro ("más que vos encerrado adentro, sentí que a mí me habían encerrado afuera", le dice), se anduvo revolcando con unos cuantos muchachos, aunque sin felicidad. Y que él la entendía perfectamente, e iba a hacer lo posible porque ella no tenga que volver a esa situación. Esto se refuerza con el concejo que le da Marvin Unger a Johny, el día del atraco, de que se cuide de ella. Nada de celos, ni enrosques de ningún tipo. Y ni siquiera la explicación: solo una sugerencia, suficiente como para ver la estatura del protagonista.
Algunos personajes: Este Johny Clay, que a lo dicho recién, suma su actitud respecto de la mujer de George Peatty, y esa necesidad doble: dar un buen golpe para vivir tranquilo, y demostrarse que es capaz de hacerlo, que no es totalmente imbecil, como parece creerlo, teniendo en cuenta los años que se comió adentro por tarado. Esa capacidad de entender el lado oscuro de sus compañeros, y su lado luminoso. Un gran personaje, cuya muy sólida construcción es capaz de sostener su reacción del final de la película, esa confusión, entrega, casi abandono a ese azar que parece perseguirlo desde hace tantos años, y nunca con buenas intenciones. La resignación de alguien que todo lo que quiere es no resignarse, a su vida, a su situación económica, a su falta de brillantez. George Peatty no tiene muchas vueltas. Es un pobre pelotudo. Y siempre está a la altura de dicha característica. Ya desde su nombre (se pronuncia como petty, insignificante, despreciable). Su rostro es fácilmente reconocible: Elisha Cock no solo actuó en muchísimas películas, también fue el Profesor Isaacson de la serie Batman, el protagonista de uno de los mejores capítulos de Dimensión Desconocida, en que hacía de un ventrílocuo dominado por su malvado muñeco, y visitó gran parte de las series que desfiguraron nuestros cerebros: Bonanza, Star Treck, Adam West, Bareta, Magnum, y hasta Alf. Un personaje pintado con pocos y precisos trazos, que no desentona en un solo diálogo, en ninguna situación. Maurice, el forzudo tremendo, profesor de ajedrez, amigo de Johny, capaz de con una sola frase ubicar al protagonista de la película en su mediocre posición: Johny dice "la vida es como una clase de té", a lo que Maurice contesta: "Nunca fuiste muy brillante, pero te quiero". Y en realidad todos, siempre claramente planteados y presentados, siempre fieles a sus destinos, esos que desde el primer diálogo de cada uno, decidieron los guionistas.
Los diálogos. El nivel de los diálogos es impecable. La precisión no explicativa de todos los detalles, la construcción del relato en off, que algunos días y horas los dice, y otros te pasa los datos para que los calcules vos, la ironía que manejan los personajes, el humor tapado... Otro par de ejemplos: George Peatty y la esposa, Sherry.
Johny Clay y el dueño de la casa, amigo de su amigo preso. J: Va a venir un amigo policía
a dejarme un paquete.
El final. El
final final: Los policías lo descubrieron, Faye le dice que tiene
que correr, y él dice: ¿Qué diferencia habría?
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