---------------------Las arañas, el cine, y ciertos bailes. --- Por Pablo Castellanos.

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Cierta película espantosa           

Pensaba en una película que vi hace algunos años en la T.V., cuyo nombre (por suerte) ni me acuerdo, pero que  era espantosa desde todos los puntos de vista en que se puede valorar el cine. Trataba de una avioneta proveniente de un vago lugar de Sudamérica,  que entraba ilegalmente  en Estados Unidos  cargando unas pocas bolsas de algún producto vegetal, no sé si café,  mariguana o bananas. Sí, era todo tan absurdo que es posible que  fuera un contrabando de unas pocas bolsas de bananas.

De esa mercadería, en pleno vuelo comienzan a asomar unas arañas peludas que  debieron picar al piloto, porque recuerdo que la avioneta caía (obviamente, en tierras civilizadas del norte). Seguido al accidente, sin mediar acto de magia o lógica alguna para explicar la extraordinaria capacidad reproductora de estas alimañas, toda la comarca estaba apestada por unas horrorosas arañas de ponzoña fulminante. Podemos concluir que se trataba entonces, no de un curioso fenómeno biológico ni de una deliberada omisión científica en aras de una mayor fuerza argumental, sino simplemente de un pésimo manejo del tiempo.

Poco respeto por la verdad científica, por el argumento... por el espectador. Lo único que trataron de explotar en ese mamarracho cinematográfico, y sin mucho esfuerzo intelectual, fue la aracnofobia que en mayor o menor grado todos tenemos. Típico del cine de clase "C".

 

 

 Bichos inmundos

Admitamos que una araña es, ante todo, un ser inmundo. Un ser que merece que su peligroso y desplazante conjunto de sincronizadas patas lentas, sea reducido de un fuerte zapatillazo  a una miseria de artejos achatados contra el suelo.  Un golpe seco, que nos revele que el peligro real no estaba en ese insignificante ser que resultó ser poco más que una nada deshecha, sino en lo siniestro que nuestra mente es capaz de construir a partir de una liviandad de sutiles movimientos y delicadas formas. Un ser formidable. Un chivo  expiatorio (una araña expiatoria si se quiere) que la naturaleza brinda a las imperfecciones de la mente humana. Una perfección sutil, al servicio de nuestras groseras fobias. Dios nos ama, es indudable, si no nos brindaría tanto para tan poco.

  

No poca cosa.

Es mucho lo que se puede decir  de las arañas, y mucho más lo que se ignora. Se estima que de  las 35.000 especies de arañas determinadas científicamente, son apenas el 20 % del total de las especies existentes.  Curiosidades y misterios que el cine debería explotar a fondo. Desde implicancias antropológicas, como las que nos revelan que las arañas eran sagradas para los guaraníes o exquisitez gastronómica para ciertas etnias amazónicas,  hasta   envidia de la ingeniería civil: la delicada seda con que tejen sus telas o recubren sus nidos, es la sustancia (una proteína) más resistente de la naturaleza; más que los cables de acero de los que penden  los faraónicos puentes modernos.

 

El baile de la araña

Ya es hora que estos animales empiecen a ser tratados con mayor seriedad por el cine, no sólo para  bien de la cultura general, sino del cine mismo, porque estos misteriosos seres prometen mucho. Si no, vean la siguiente anécdota histórica:

En Italia, hace unos cuatro siglos -como en todas partes del mundo en épocas que no existía maquinaria agrícola- la población campesina  era muy numerosa, y  el contacto físico que tenían con los cultivos era mucho mayor.  Por cada operario que hoy maneja una cosechadora, encerrado en una cabina con aire acondicionado y escuchando un partido, había cientos de hombres y mujeres que segaban a guadaña, trillaban las espigas a  golpes, y dormían sus siestas sobre  fardos de paja. Y en estas actividades eran frecuentemente picados por  arañas.

En las cercanías de Taranto, y posiblemente en muchos otros lugares, en los  cultivos de trigo, de  centeno, o de lino, abundaban unas arañas de tamaño mediano bastante molestas, y las llamaban,  por el nombre de la localidad, "tarántulas".

Los campesinos picados, eran víctimas primero de una extraña inquietud o incomodidad corporal, seguida luego de dolores desesperantes y de contracciones musculares con repentinas contorsiones. Los rostros tomaban un rictus tetánico, y aparecían  sudoraciones, taquicardias y náuseas. Incluso, ocasionalmente desembocaba en la muerte de la persona picada.   Para purgar este mal, por aquello de que el fuego se apaga con fuego, se les ocurrió inventar una serie de movimientos rápidos de tipo convulsivo, casi como una mágica danza, que creían les liberaría de esa sintomatología tan desagradable.  Este ritual sanador, con el tiempo dio origen  a un baile, que  es nada menos que la "tarantela". 

Imaginemos la siguiente escena: la campiña italiana hace unos 400 años, una perfecta reconstrucción de época tipo Pasolini de un granero iluminado por mortecinas lámparas de aceite. Reposan  agotados los trabajadores del campo. Rostros sucios, dentaduras cariadas, las crenchas llenas de paja... un grupo humano de rostros crédulos y asombrados, miran absortos  como cuatro hombres, entre mímicas y empujones,  obligan a  una gorda señora acalambrada, a que abra los brazos y las piernas imitando los saltos de una araña.

 

 

Hay de todo en los linos del Señor

No es menos interesante saber que estas "tarántulas"  (género Lycosa), no eran las causantes del mal que mortificaba a los campesinos de Taranto.  Las culpaban tal vez por ser relativamente grandes y muy abundantes. En realidad, las distintas especies de arañas de Lycosa, frecuentes en los jardines, en los pastizales, etc., si bien son picadoras (aunque no agresivas, pican porque se sienten destruídas o apretujadas), apenas provocan una pequeña necrosis local, y un leve dolor que se desvanece al rato.  Tratamiento para la picadura: agua y jabón; nada de tarantelas.

La sintomatología descrita de dolores y calambres convulsivos, corresponde a la ponzoña de otro tipo  de araña de pequeño tamaño: el género Latrodectus, conocidas comúnmente como la "araña del lino" o "viuda negra".  Que por otra parte, no es del lino. Se le puede encontrar, es cierto, en este cultivo,  pero no muestra preferencia alguna por este vegetal. Puede estar en cualquier otro cultivo, entre los yuyos, debajo de piedras sueltas, etc. Tampoco es viuda negra, que así se le llama por eso de que la hembra se come al macho después de copular. En el mejor de los casos esta creencia es una verdad a medias, originada por un comportamiento anómalo que se observa en  condiciones de laboratorio: las arañas son cazadoras permanentes y compulsivas. Si están encerradas en un frasco macho y hembra juntos, primero copulan. Después de copular, comen. Pero como la hembra es más grande que el macho, y éste no tiene para donde escapar, es devorado. Así de simple.

Hembra (A) y macho (B) de Latrodectus lilianae

 

Mortales, pero no tanto

Contra toda fobia o prejuicio, de las 35.000 especies de arañas que hacíamos mención, si bien todas tienen ponzoña, no quiere decir que la ponzoña sea peligrosa para nosotros. Sólo hay unas 30 especies  de arañas cuya ponzoña  resulta venenosa para los humanos. Además, ninguna es de efecto fulminante; no existe eso de que te pica una araña y te moriste. Sólo en algunas especies muy venenosas, el cuadro clínico que presenta el paciente se puede complicar, y en cuestión de días  conducir a la muerte. Pero no es un fenómeno inmediato, y es en todo caso excepcional.

La ponzoña neurotóxica de Latrodectus, si bien es 15 veces más venenosa que la de la víbora cascabel, la cantidad que nos puede inyectar es mínima frente a nuestro peso corporal. No son tampoco muy comunes los casos de araneísmo (accidentes por picadura de araña) con  este animalito. En Brasil, país bien picado por las arañas si los hay, Latrodectus representa apenas el 2% de los casos. En Uruguay, hace más de 20 años que no se registra ninguno. En Estados Unidos, la cuna de  las estadísticas, de un promedio de 2.000 picaduras de Latrodectus al año, no se registran casos fatales desde los años cincuenta.  Datos de Australia, revelan que en 2.662 casos, sólo en 16 se necesitó suministrar suero. Y eso que estamos hablando de una de los géneros de araña más peligrosos.

Latrodectus gr. mactans, viuda negra o araña del lino (foto extraída de Purtscher, 1983)   

"Araña del lino" o "viuda negra"  (género Latrodectus ), que ni es  del lino ni es viuda negra.

 

 

Pavada de pollo

Las temibles "arañas pollito" (a veces también llamadas "tarántulas", aunque nada tienen que ver con Lycosa), esas grandes, negras y peludas que encontramos en la sierra o en el campo, son seres mansos y tímidos que tratan de evitar la presencia humana. Si por accidente nos llegaran a picar, nos producirían una hinchazón local acompañada de sensación de adormecimiento o efecto anestesiante, que al otro día se nos va.

"Araña pollito" del género Grammostola, mansas y tímidas.

 

 

Sálvanos, padre Freud

¿Cuál es la intrincada revoltura síquica, esa  compleja mezcla de repugnancia y curiosidad, de fascinación y miedo, que provoca un descontrol irracional en un ser pensante y comparativamente gigantesco  frente a unos pequeños artrópodos de excelente diseño y simétrica hechura?